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Domingo, 4 de octubre de 2026
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"Memorias del subdesarrollo": un escritor que se queda mientras Cuba se transforma

La película de Tomás Gutiérrez Alea cruza la historia de Sergio, un intelectual que permanece en la isla cuando su familia se marcha a Miami, con imágenes documentales de la Revolución y la Crisis de los Misiles. Un clásico del Tercer Cine que sigue incomodando.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · · hace 1 h
"Memorias del subdesarrollo": un escritor que se queda mientras Cuba se transforma

Les tengo que ser sincera: hay películas que uno ve y después se quedan dando vueltas, como un tema de La Mona que no se te va de la cabeza. "Memorias del subdesarrollo" es una de esas. La escribió y la dirigió el cubano Tomás Gutiérrez Alea, y la historia arranca con una decisión que, a primera vista, parece un capricho: Sergio, un escritor de clase alta, decide quedarse en Cuba cuando su familia se manda a mudar a Miami. El resto se va. Él se queda. Y ahí empieza todo.

Sergio es un tipo acostumbrado a la vida cómoda, un intelectual que observa las transformaciones de la Revolución Cubana sin una convicción política firme que explique por qué no se subió al avión con los suyos. Su permanencia, más que una toma de posición, parece atravesada por el hastío, por esa sensación de que tanto quedarse como irse le dan lo mismo. Es un burgués que mira el mundo con distancia mientras el mundo, abajo, cambia a toda velocidad.

Amor, clase y Revolución en la misma trama

En el medio de ese escenario que se modifica a fuerza de decretos y de historia grande, Sergio arma y desarma vínculos sentimentales. No son romances convencionales: el escritor busca moldear a sus parejas, adaptar a esas mujeres a sus propios gustos, intervenir en su formación intelectual y hasta en la forma en que se visten. Es otro rasgo del personaje y, a la vez, una radiografía de las diferencias de clase que la película no pierde de vista ni un segundo, ni en la relación con el país ni en la intimidad de la cama.

Porque el relato no avanza derecho, como una novela tradicional. Alea se da el gusto de romper la linealidad: mete saltos al pasado, recuerdos que vuelven cuando se le antoja, y los entrelaza con material de archivo, con imágenes de noticiarios que registran hechos reales, entre ellos la famosa Crisis de los Misiles. Así, lo que le pasa a Sergio en su vida privada se va alternando con acontecimientos que lo exceden, y el documental le mete al filme una dimensión colectiva que mantiene vivo el contexto en todo momento.

  • Un drama personal: la decisión de Sergio de quedarse solo en Cuba frente al exilio familiar.
  • Un retrato de clase: un intelectual burgués que observa la Revolución sin participar activamente.
  • Material documental: imágenes de archivo de los noticiarios sobre la Crisis de los Misiles y otros hechos de época.
  • Una estructura de recuerdos: saltos al pasado que rompen la linealidad del relato.
  • Una marca de época: la película como pieza clave del Tercer Cine latinoamericano.

Esa mezcla, que a esta altura puede sonar a recurso moderno, en su momento fue toda una declaración de principios. La película se inscribe en el llamado Tercer Cine, esa corriente que en América Latina le dijo basta al modelo comercial de Hollywood y también al cine de autor europeo, y salió a buscar formas propias de contar, con cámaras y celuloide más baratos, con libertad económica y creativa. En ese mapa, el cine cubano tuvo un lugar de lujo, y Alea fue uno de sus nombres mayores. Lo que hace con Sergio es, en el fondo, hablar de Cuba entera sin necesidad de discursos grandilocuentes: le alcanza con un tipo que se queda, con sus contradicciones y con las imágenes de la historia que se le cuelan en la living.

La ficha, entonces, junta un drama íntimo, recursos documentales y una estructura de recuerdos que le abre la cabeza al protagonista. Y me parece que la pregunta que queda dando vueltas, la que les dejo picando para el debate de sobremesa del sábado, es esa: ¿qué le aporta a una película de ficción meter imágenes de hechos reales? ¿Le suma verdad, le suma contexto o le rompe el pacto con el espectador? Yo tengo mi respuesta, pero la suya, como siempre, vale oro.

LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

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