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Martes, 3 de noviembre de 2026
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Ocho paradas porteñas donde la historia se sienta a la mesa con la cocina de autor

Del centenario Zum Edelweiss junto al Colón al jardín de Villa Crespo, un recorrido por ocho locales que mezclan atmósferas de época con platos regionales y de autor.

Por Mercedes PizarroTurismo y sierras · · hace 1 h
Ocho paradas porteñas donde la historia se sienta a la mesa con la cocina de autor

Hay ciudades que uno recorre con la sensación de que el tiempo no pasó del todo, y Buenos Aires es una de ellas. Como bien lo resume la periodista Emma Bubola, la ciudad conserva de manera natural un encanto de otros tiempos que en otras grandes capitales del mundo se ha perdido. Con esa idea en la cabeza, armé un recorrido por ocho locales que combinan historia y cocina contemporánea, y que se pueden disfrutar en una sola salida.

Del centro a la Recoleta

La primera parada queda en el centro, con Zum Edelweiss, un restaurante centenario que funciona como punto de encuentro después de las funciones del Teatro Colón. Su carta tiene ñoquis con goulash y bife a la Bismarck coronado con un huevo frito, platos que hablan de una tradición que se mantiene viva. El local también ganó presencia internacional al aparecer en la película nominada al Oscar Argentina, 1985. Más adelante, en la Recoleta, la Parrilla Peña es la referencia para el asado clásico. Siempre está concurrida y trabaja con cortes tradicionales; mi recomendación es el ojo de bife, que según la descripción es tan tierno que se deshace en la boca.

Palermo, Almagro y el museo

En Palermo aparece el Varela Varelita, uno de los bares notables de la ciudad. Conserva sus mesas de fórmica y sus ventiladores de techo, y Bubola lo define como un espacio sencillo y sin pretensiones, donde se respira un intenso ambiente de debate intelectual. Para acompañar la charla, la sugerencia es pedir cerveza o vermut con soda y maní. Siguiendo el recorrido, en Almagro, el Boliche de Roberto ofrece tango en vivo en un espacio pequeño, donde los músicos tocan a centímetros del público, y el fernet con Coca-Cola es el trago típico del lugar.

  • Coronado, dentro del MALBA, con cocina de raíz regional: el mbejú, una tortilla crocante de almidón de mandioca, y la palmerita azucarada.
  • Chuí, en Villa Crespo, en una antigua nave industrial reconvertida en jardín al aire libre, con queso llanero grillado, polenta blanca y palta quemada.
  • Café Cora, en la planta baja del edificio Kavanagh, que recupera la estética Art Déco con barras de mármol y mobiliario de época.
  • Acuario Bar, en Paraguay al 900, en la planta baja de la Casa de Estudios para Artistas, un edificio de 1939, con vitel toné, mousse de chocolate y dirty martinis entre sus recomendaciones.

Cada uno de estos locales tiene su propio carácter, pero todos comparten algo que me emociona: la posibilidad de sentarse a comer en un lugar que guarda memoria y, al mismo tiempo, mira hacia adelante. Así que la invitación queda abierta. Elegí dos o tres paradas, llevá a alguien que quieras y dejate sorprender por una ciudad que todavía sabe cuidar sus rincones.

MP
Mercedes PizarroTurismo y sierras

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