Seis paradas obligadas para comer pizza al corte en Buenos Aires sin gastar una fortuna
Un recorrido por pizzerías históricas de San Telmo, Boedo, Villa Crespo, Barracas y otros barrios, donde una porción resuelve el almuerzo o la merienda sin sentarse a la mesa. Hay opciones desde $3.500, descuentos pagando en efectivo y la posibilidad de elegir entre muzzarella, fugazzeta y pizza a la piedra.
Hay una costumbre que sobrevive al vértigo porteño y que, cada vez que la practico, me reconcilia con esta ciudad: pararse frente a un mostrador de mármol, pedir una porción de muzzarella bien dorada al borde y comerla mirando cómo el pizzero estira la masa con esa destreza que parece heredada. En Buenos Aires, la pizza al corte no es un invento moderno ni una moda gastrónómica: es una tradición con más de ochenta años que sigue alimentando a oficinistas, estudiantes, familias enteras y curiosos que se acercan por el aroma a leña que sale de los hornos. Y lo mejor de todo es que, todavía hoy, se puede comer rico sin dejarse una fortuna.
Las pioneras: donde todo empezó por unos pocos miles de pesos
En el corazón de San Telmo, a metros de la Plaza Dorrego, funciona desde 1932 Pirilo, en Defensa 821. Apenas uno cruza la puerta entiende que allí el tiempo pasa a otro ritmo: no hay mesas ni sillas, apenas una barra larga donde apoyar el plato y el codo. Las porciones arrancan en los $3.500 y la carta recorre sabores clásicos como muzzarella, anchoas, fugazza con o sin queso y la inseparable fainá. El horno a leña, al fondo del salón, es el corazón palpitante del lugar. Comer de pie mirando ese fuego tiene algo de ritual, créanme.
A ese mismo piso de $3.500 se planta El Padrino, en Honorio Pueyrredón 1710, pleno Villa Crespo. Abrió en 1978 y mantiene la atención de pie como una declaración de principios: la muzzarella sale $3.500 y la fugazzeta con jamón, $5.500. Con cada porción o con cada pizza entera regalan un trocito de fainá, que puede ser simple, picante o de cancha, una gentileza que en los tiempos que corren se agradece como un pequeño tesoro.
Fugazzeta rellena: dos precios, dos estilos
- La Mezzetta, en avenida Álvarez Thomas 1321, Villa Ortúzar, trabaja desde 1939. La porción de fugazzeta rellena cuesta $4.500. Tampoco tiene sillas y ofrece pizzas precocidas para llevar, una solución práctica para quienes quieren comer rico en casa.
- Antonito, en la esquina de Carlos Calvo y avenida La Plata, Boedo, reabrió en 2026 de la mano del cocinero Leonardo Díaz y su socio Christian. La fugazzeta rellena sale $7.000; la muzzarella, $4.000; y la napolitana y la de verdura con salsa blanca, $6.000. Quienes paguen en efectivo acceden a un 10% de descuento, un detalle que no es menor en el bolsillo de nadie.
En Barracas, muy cerca de la vuelta de Rocha, Los Campeones es una de esas pizzerías que uno recomienda con los ojos cerrados. Fundada en 1954, está en avenida Montes de Oca 856 y se especializa en la pizza a la piedra, aunque también prepara la tradicional al molde. La muzzarella cuesta $4.500 y la fugazzeta, $5.500. Desde el local cuentan que la mayor venta por porción se concentra entre las 12 y las 15, la franja ideal para almorzar algo rápido antes de seguir con la jornada. Si pasan por ahí a esa hora, van a entender por qué la cola nunca decepciona.
El recorrido se completa en Talcahuano 937, en Barrio Norte, donde El Cuartito sigue escribiendo su historia desde 1934, ya bajo el mando de la tercera generación familiar. A diferencia de los anteriores, ofrece la posibilidad de elegir entre comer en el mostrador o sentarse en el salón, una ventaja para los que prefieren hacer la experiencia un poco más reposada. Sus precios rondan los $4.800 para la muzzarella y los $6.000 para la napolitana.
Antes de cerrar la nota, una recomendación personal: si andan por Boedo con el bolsillo ajustado, dense el gusto de probar la fainá de Antonito y paguen en efectivo para aprovechar el descuento. Y si están en San Telmo un mediodía de sol, no se Pierdan el viaje a Pirilo: comer esa porción mirando el horno de 1932 bien vale una caminata extra. La pizza al corte sigue siendo uno de los grandes orgullos gastronómicos de Buenos Aires, y estas seis casas son la prueba vivante de que la tradición, cuando se hace bien, no pasa de moda.
