Tirante le ganó a Djokovic, metió el pecho y ahora sueña con el US Open
El tenista de 24 años venció al serbio en Cincinnati, trepó al puesto 42 del ranking ATP y contó en detalle qué cambió en su cabeza y en su equipo para pegar el salto. Una semana para el recuerdo y la raqueta nueva como cómplice silenciosa.
En el Kempes, cuando la cosa se pone brava, uno se acuerda de los pibes que no les tiembla el pulso. Y este jueves, en Cincinnati, a miles de kilómetros de Córdoba, Thiago Tirante se sacó la mochila de encima y le ganó nada menos que a Novak Djokovic. Una locura. El pibe de 24 años, que hasta hace poco andaba dando tumbos en el circuito, terminó firmando el resultado más grande de su carrera en un Masters 1000, metiéndose en cuartos de final y despegándose en el ranking hasta el puesto 42 del mundo, su marca histórica.
El game que le cambió la cabeza
Tirante arrancó nervioso, claro. Del otro lado estaba Djokovic, con el público a favor del serbio y un escenario que pesa. El primer set se le escapó sin encontrarle la vuelta a la pelota. Pero en el arranque del segundo, en un game que se estiró unos 18 minutos, pasó algo. Se soltó. Empezó a jugar como juega siempre, sin el nombre del rival encima. Lo empató, se sintió vivo y de ahí en más fue otro. "Acá está todo empatado, vamos a un tercer set, a ver quién maneja mejor los momentos importantes", pensó en ese instante. Y el tercero, según sus propias palabras, fue el mejor set que jugó en todo el partido.
En la red, el cruce con Djokovic fue corto y con la emoción a flor de piel. El serbio lo felicitó, le deseó suerte. Tirante le agradeció por todo lo que hizo por el tenis y le dijo que había sido un placer compartir cancha con él. Dos palabras, un apretón de manos y a pensar en lo que viene.
Qué cambió: raqueta nueva y dos psicólogos
El salto no fue de un día para el otro. Tirante lo tiene claro y lo contó con todas las letras. Cambió de raqueta: dejó la Blade, que le resultaba dura para su estilo, y se pasó a un modelo que le da más efecto y más potencia. La prueba duró una semana y los resultados lo convencieron. Pero el motor del cambio, lo que él mismo rescata, está en la cabeza: trabaja con dos psicólogos deportivos, se enfoca en lo suyo y deja de mirar tanto al vecindario.
- Cambio de raqueta: del modelo Blade a uno con más efecto y potencia, tras una semana de prueba.
- Trabajo con dos psicólogos deportivos como pilar del salto de nivel.
- Mayor foco en el propio proceso y menos atención al resto del circuito.
- Una serie de Copa Davis en Corea del Sur, como primera raqueta y de visitante, como punto de inflexión mental.
La serie en Corea le dejó marca. Fue la primera espada del equipo, cargó con la presión de los resultados y la derrota le terminó sirviendo. Jugar de visitante, con el estadio en contra, en una superficie rápida y desconocida, lo hizo crecer más en lo mental que cualquier victoria fácil. Esa mochila, dice, le sirvió para plantarse firme en Cincinnati frente a Djokovic.
Lo que viene ahora es el US Open, el último grande del año. Tirante llega con el ranking en alza, con confianza por las nubes y con una raqueta que le responde. Próximo rival: se define en cuartos de Cincinnati, con horario a confirmar según la programación del torneo. Desde Córdoba, a seguir de cerca a este pibe que se animó a todo.
