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Voluntariado en la Patagonia chilena: cómo es el programa del geoparque Kütralkura que ofrece casa y comida a cambio de trabajo

Un área protegida por la Unesco cerca de Lonquimay abrió la inscripción para 2026: alojamiento, tres comidas diarias y excursiones gratuitas, a cambio de 30 horas semanales. Los pasajes, el seguro y los trámites corren por cuenta del postulante.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 14 de septiembre de 2026 · hace 5 h

Son las siete de la mañana en Lonquimay, en plena Araucanía chilena, y el frío se mete hasta los huesos. En el despacho de la Reserva de la Biosfera Las Araucarias, pegada al Geoparque Kütralkura ya empiezan a sonar los primeros mates, mientras el equipo coordina las tareas del día. Ahí mismo, a metros de la frontera con la Argentina, están ultimando los detalles de una convocatoria que suele llamar la atención de decenas de viajeros jóvenes y no tan jóvenes: un voluntariado que, a cambio de trabajo, ofrece casa y comida durante un mínimo de cuatro semanas.

Lo confirmó a este portal la coordinación del programa: las inscripciones para 2026 ya están abiertas y buscan sumar personas a las tareas de conservación, ecoturismo y educación ambiental dentro de una reserva privada de 500 hectáreas reconocida por la Unesco. La propuesta está pensada para quienes pueden costearse el viaje hasta Chile pero, a la vez, necesitan un lugar donde dormir y comer a cambio de poner el cuerpo en tareas concretas. No es un empleo remunerado: los pasajes, el seguro, el transporte interno y los trámites migratorios quedan a cargo del voluntario.

Qué incluye y qué no el voluntariado

  • Alojamiento en habitación compartida.
  • Desayuno, almuerzo y cena, con uso de cocina y lavandería.
  • Bicicletas a disposición y excursiones gratuitas dentro del predio.
  • Cinco días de trabajo por semana, con 30 horas en total.
  • Certificado de participación al finalizar la estadía.
  • Pasajes hasta Chile, seguro de viaje, transporte interno y trámites migratorios a cargo del voluntario.
  • Conexión a internet básica, no apta para trabajo o estudio remoto sostenido.

Las actividades se definen semana a semana, según las necesidades que vaya teniendo el lugar. Entre las tareas posibles aparecen el mantenimiento de senderos y domos, el cuidado de la huerta, la jardinería, la siembra, la construcción y las reparaciones generales, además de la atención a los visitantes que llegan al parque. Una parte importante del trabajo es al aire libre, en un territorio donde las nevadas y las temperaturas muy bajas pueden complicar los desplazamientos, sobre todo en los meses más crudos del invierno austral.

Este año, además, el equipo trabaja en proyectos de reintroducción de especies desaparecidas de la zona y en el monitoreo de pumas, una de las especies emblemáticas del área protegida. Quienes se sumen pueden terminar recorridas de avistaje, tareas de registro y acompañamiento a guías locales en distintas campañas.

Requisitos para postularse

La convocatoria es individual: no se aceptan parejas ni grupos de amigos que quieran inscribirse juntos. Los requisitos son tener entre 18 y 60 años, manejar inglés fluido o, como mínimo, español en nivel principiante, y comprometerse a una estadía mínima de cuatro semanas, que puede estirarse hasta doce. Quienes necesiten conexión estable para estudiar o trabajar a distancia deben pensarlo dos veces antes de anotarse, porque el acceso a internet es limitado.

“Lo definió como trabajo duro y gratificante, y aclaró que los días de descanso no siempre quedaron acordados con anticipación.”Una voluntaria argentina que pasó por el programa

En el barrio porteño de Caballito, donde todavía se habla de la experiencia como si fuera ayer, Marta recalca que lo que más le quedó fue la convivencia: compartir cocina, fogón y tareas con gente de distintos países la marcó mucho más que los paisajes, dice, aunque las caminatas por la araucanía y los atardeceres sobre la cordillera se le vengan a la mente cada vez que alguien le pregunta. Para ella, el balance es claro: mucho esfuerzo físico, poco tiempo libre y, a cambio, una experiencia que la cambió de cabeza. En eso coincide con el resto de los exvoluntarios que pasaron por Kütralkura, que suelen destacar los paisajes, las caminatas y el vínculo con la comunidad local como lo más valioso de una experiencia que, bien mirada, termina siendo mucho más que un voluntariado.

Desde la organización remarcaron que las plazas son limitadas y que las postulaciones se evalúan de manera individual, así que conviene anotarse con tiempo. Para inscribirse, los interesados deben completar el formulario disponible en el sitio oficial del Geoparque Kütralkura y aguardar la respuesta del equipo coordinador.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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