Saltar al contenido
Miércoles, 14 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Whalefall: cuando la ballena se traga los pendientes entre un padre y un hijo

Brian Duffield mete al espectador en el estómago de un cachalote y de ahí no lo saca hasta obligarlo a mirar de frente una relación paterno filial rota. Austin Abrams carga con la historia entera y el resultado divide aguas.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · · hace 1 h
Whalefall: cuando la ballena se traga los pendientes entre un padre y un hijo

Va el cuplé para arrancar la nota, como me enseñaron los viejos del género: “La ballena te lleva adentro, donde no llega la luz, y lo que no le dijiste al viejo te lo dice el corazón con su propia cruz”. Así arranca Whalefall, la película de Brian Duffield, y así arranca también la conversación que te propongo, amigo lector, porque este filme no es uno más del lote de supervivencia extrema: es un drama de padre e hijo disfrazado de pesadilla marina, con tripas de cachalote y silencios que pesan como un lastre.

Te lo cuento en primera persona porque lo que voy a compartir es lo que vi en la butaca, con la butaca al lado vacía y el estómago un poco apretado. La historia pone a Austin Abrams, al que muchos recuerdan por su paso por Resident Evil, metido hasta el tuétano en el interior de una ballena gigante. Solo, sin oxígeno, sin salida fácil y con el reloj corriendo. Hasta ahí, un thriller de los clásicos. Pero el Pibe, que así le digo yo porque le agarré cariño viéndolo forcejear ahí adentro, no está solo del todo: tiene a su padre muerto, con el que sostiene conversaciones mientras busca la manera de escapar.

La ballena como confesonario

Y acá viene lo lindo del asunto. Duffield, el director, toma una situación extrema y la usa de confesionario. Lo que en otra película sería la típica carrera contra el tiempo para salir del bicho, acá se convierte en una carrera contra el pasado, contra las palabras que no se dijeron y contra los abrazos que se quedaron en el tintero. La cámara se luce mostrando un diseño visual notable del interior del cetáceo, con esa sensación de espacio claustrofóbico y hostil que te hace apretar los dientes sin querer, pero lo más jugoso no es la ballena en sí: es lo que el Pibe le dice al padre, y lo que el padre le devuelve.

Hay amor no expresado a montones, hay despedidas postergadas hasta que ya no queda nadie del otro lado, y hay vínculos que se quiebran sin terminar de resolverse. Si alguna vez tuviste un viejo con el que la conversación quedó pendiente, esta película te va a doler de una manera que no esperás. A mí, que tengo 50 y tantos y arrastro alguna cuenta sin cerrar con mi progenitor, me sacudió. Le digo más: me dejó pensando un par de días después de salir del cine.

Un actor solo en la pantalla

Austin Abrams carga con casi todo el peso de la narración, y lo hace con oficio. Su personaje transita entre el esfuerzo físico puro de la supervivencia (nadar, respirar, no morir, aguantar) y la carga emocional del diálogo interrumpido con la figura paterna. Hay momentos en los que uno no sabe si el tipo está hablando con un recuerdo o con un delirio, y esa ambigüedad está bien manejada. El tono de la película me remitió a Ad Astra, esa joyita con Brad Pitt donde el espacio era tan enorme como el hueco emocional del protagonista. Si a vos esa frecuencia te resonó, Whalefall te va a encontrar. Si no te dijo nada, acá probablemente tampoco lo haga, porque el filme no negocia su costado emotivo.

El tramo final apela a efectos visuales generados por computadora y apunta a una conclusión de mayor escala, con secuencias de escape que se repiten dentro de las paredes del animal. La naturaleza del espacio obliga a un margen de acción acotado, y eso a veces se nota: el adentro de la ballena empieza a sentirse un poco reiterativo, como si el decorado se quedara chico para tanto viaje emocional. Igual, la propuesta visual sigue siendo ambiciosa y efectiva: no es fácil construir un mundo así y sostenerlo durante todo el metraje.

La recomendación para el sábado a la noche

Te lo digo de corazón y sin guardármela: si estás buscando una salida distinta para el sábado, Whalefall es una buena candidata. No es la típica pochoclera de evasión, ojo, ni el blockbuster de risa fácil. Es de esas películas que te dejan con un nudo en la garganta, pensando en lo que le debés decir al viejo o a los que ya no están. Andá preparado para sentir incomodidad en el cuerpo y ternura en el pecho, casi al mismo tiempo. Si te copa el combo supervivencia más drama familiar, te la llevás puesta. Si preferís el género sin tanto bajón emocional, capaz te resulte más lejana. Pero el intento de Duffield, con ese punto de partida inusual y un protagonista que se banca el mundo entero solo arriba de la pantalla, merece la vuelta. Ya sabés: pochoclos, al ataque, y a aguantar la ballena.

“La ballena como confesonario funciona cuando el espectador trae sus propias cuentas pendientes; si no, se siente como un truco efectista.”Luz Brizuela, Cuarteto y espectáculos
LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

Te puede interesar