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A más de quince años del final de Perdidos, Lindelof termina con el mito del purgatorio: la isla fue real y los flash sideways no

El cocreador de la serie volvió a desmentir la teoría más popular entre los fans y contó cómo terminó de armar la sexta temporada, incluyendo el libro budista que inspiró el cierre con Jack, Hurley y Ben.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Yo no me olvido más de la primera vez que vi el piloto de Perdidos, allá por el 2004, pegado al televisor con mi viejo mientras el ojo de Jack se abría de golpe y ese avión se partía en el medio en alguna playa perdida del Pacífico. Eran otros tiempos, series que te dejaban pensando toda la semana y un final que nadie quería que llegara nunca. Bueno, pasaron más de quince años desde que se apagó la pantalla con Jack muerto en la selva, y sin embargo la serie sigue dando que hablar. Ahora le toca al propio Damon Lindelof, uno de los cerebros de la historia, salir a aclarar lo que muchos fans nunca terminaron de digerir: qué pasó de verdad en la isla y qué no pasó en esa línea narrativa paralela de la última temporada.

La teoría del purgatorio, una y otra vez desmentida

Voy a ser sincero con ustedes, como si estuviéramos charlando en la mesa de un boliche de Córdoba mientras suena un show: durante años la teoría más repetida en cualquier foro de Perdidos fue que la isla era el purgatorio y que nada de lo que vimos durante seis temporadas había ocurrido de verdad. Lindelof, cansado de explicar lo mismo cada vez que le preguntaban, volvió a sacarse el tema de encima con una definición que no deja lugar a dudas. Para él, todo lo que se vio en la isla pasó en serio. La Iniciativa Dharma fue real, la isla fue real y, cuando termina la serie, Hurley y Ben siguen manejándola como si fuera su propia empresa.

El punto de partida es ese último fotograma que todos recordamos: Jack cierra los ojos y muere. Ese momento pertenece al relato principal, al hilo de lo que verdaderamente ocurrió en la isla. Lo que no fue real, lo que nunca pasó en esa línea, son los flash sideways de la sexta temporada, esa historia paralela donde los personajes no se conocen entre sí y el vuelo Oceanic 815 jamás se estrella.

“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof, cocreador de Perdidos

Un libro tibetano y una decisión tomada entre la tercera y la cuarta temporada

Ahora bien, si la isla fue real, ¿qué eran entonces esos flash sideways donde todos están vivos, se cruzan en un aeropuerto y van armando una vida alternativa en Los Ángeles? Acá es donde la cosa se pone linda, porque los guionistas tenían un problema concreto: sabían desde temprano que la serie iba a terminar con la muerte de Jack. Les parecía poética esa simetría entre el ojo que se abre en el piloto y el ojo que se cierra en el final, y no la iban a cambiar. El desafío era cómo mostrar qué le pasaba al personaje después de morirse sin caer en un lugar trillado.

La respuesta la encontraron en un texto bastante particular, el Bardo Thodol, más conocido por estos lados como el Libro tibetano de los muertos. El concepto central del Bardo es simple y a la vez inquietante: describe un estado intermedio en el que la persona muere pero no se da cuenta de que está muerta. Nadie puede ir y sacarla de ese error, aunque sí puede ir dejando señales en el camino. Lindelof lo resume con una frase que vale la pena guardar: la idea de Bardo es un lugar al que vas cuando morís pero no sabés que estás muerto, y nadie puede decírtelo. Los flash sideways son, justamente, ese lugar.

  • En la isla, todo fue real: la Iniciativa Dharma, el humo negro, los Otros y la estadía de Hurley y Ben al final de la serie.
  • Los flash sideways no son una realidad alternativa ni una paradoja temporal: es el estado posterior a la muerte de los personajes.
  • La idea de construir esa dimensión post mortem nació entre la tercera y la cuarta temporada, cuando los guionistas ya tenían decidido que Jack iba a morir en el final.
  • Para que el truco no se notara, metieron los viajes en el tiempo al cierre de la cuarta temporada y armaron toda la quinta sobre esa base.
  • El punto de giro es cuando los personajes empiezan a recordar cosas que en esa línea paralela nunca vivieron y eso fuerza la pregunta sobre qué es realmente ese mundo.

Una aclaración que cierra el debate de una vez

Lo bueno de esta nueva explicación de Lindelof es que le pone nombre y apellido a algo que muchos intuíamos pero no terminábamos de entender: que la muerte de Jack no era el final de los personajes, sino la puerta de entrada a otra capa de la historia. Los flash sideways existen porque los guionistas necesitaban un espacio donde pudieran reencontrarse después de muertos, sin necesidad de ser explícitos sobre el más allá. Y ese espacio, dicen ellos, está inspirado en una tradición budista milenaria, no en un capricho narrativo de último momento.

Yo, que todavía guardo el DVD de la primera temporada y cada tanto me pongo un capítulo para dormir la siesta, les confieso que esta lectura me cierra mucho más que la famosa teoría del purgatorio. Tiene sentido común, respeta al espectador y, sobre todo, le devuelve el peso a esa última imagen de Jack acostado en la selva con Vincent al lado, mientras se cierra el ojo que alguna vez se abrió en Sídney. La isla fue real, la muerte fue real y el reencuentro, también. Lo que pasa es que ese reencuentro sucede en un lugar donde todavía no sabés que estás muerto.

LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

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