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Ace Combat 8: la aventura del piloto que carga con la identidad de otro y pelea desde un portaaviones varado

El nuevo juego de Project Aces reparte la acción entre las misiones aéreas y la vida cotidiana en el Endurance, con espacio para conocer a los compañeros de escuadrón, elegir aviones y hasta configurar el equipo de los aliados.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · 27 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Te lo resumo de arranque, porque la propuesta da para conversar largo y tendido: Ace Combat 8: Wings of Theve no se queda únicamente en la cabina del caza. La nueva entrega de la saga desarrollada por Project Aces para Bandai Namco estira el brazo hacia la vida cotidiana del portaaviones Endurance, donde conviven pilotos y civiles refugiados, y deja que el jugador se asome a esas rutinas antes de volver a despegar para entrar en combate. La historia arranca unos diez años después de los hechos de Ace Combat 7, aunque se puede seguir sin haber jugado esa entrega, y pone al mando a un piloto rescatado del mar que termina cargando con la identidad de un supuesto as caído en combate. Esa figura inventada se convierte casi en un estandarte de la resistencia frente a la invasión de Sotoa, y todo el vuelo Joker gira alrededor de esa construcción.

Te cuento lo que vi cuando lo tuve entre manos, porque a mí me gusta ir al baile y mirar todo antes de opinar. Entre misión y misión el juego te lleva por pasillos del portaaviones, por comedores donde la gente se cruza a tomar un café, por hangares donde se ajustan alas y por la cubierta, esa explanada enorme donde los reactores se calientan antes de saltar a la pista. Las acciones disponibles en esos tramos son limitadas: básicamente mirar alrededor y completar interacciones sencillas, sin puzzles niー raros. Sirven, sobre todo, para respirar entre Dogfight y para ir conociendo a los compañeros, sus historias y las huellas que el conflicto va dejando en cada uno.

Lo que pasa cuando el caza está en tierra

La preparación previa al despegue resulta clave para quien quiera tomarse en serio la parte aérea. Antes de cada misión hay que repasar los objetivos, elegir la aeronave, decidir el armamento y sumar piezas que modifican la capacidad de carga, el daño de las armas y el comportamiento del avión en el aire. Los puntos conseguidos al completar cada sortie se canjean por nuevo equipo y por nuevos cazas para el hangar. Y hay un detalle que me llamó la atención: también se puede configurar el avión de los compañeros o dejar que el juego les asigne automáticamente una combinación razonable. Eso permite que cada escuadrón tenga su propia identidad táctica según cómo te guste volar.

Cielos, controles y misiones que se repiten con variantes

En el aire, el esquema se sostiene sobre cuatro columnas que ya son marca registrada de la saga: defender el portaaviones, atacar aeródromos, escoltar una aeronave aliada y destruir transportes enemigos. Para pilotear hay controles estándar y un modo Experto que habilita los tres ejes de rotación del avión y abre la puerta a maniobras más finas. Los combates suman evasión de missiles, uso de armas especiales para barrer varios blancos a la vez y ataques con ametralladora. La curva de dificultad va creciendo a medida que la historia avanza, y cada decisión de carga pesa cuando el cielo se llena de fuego amigo y enemigo.

  • Defensa del portaaviones Endurance, donde se concentran los objetivos más sensibles.
  • Ataques contra aeródromos para neutralizar la capacidad de respuesta enemiga en tierra.
  • Escoltas de aeronaves aliadas, tanto en zona de exclusión como sobre territorio hostil.
  • Destrucción de transportes, clave para cortar líneas de suministros y logística.

La pregunta del millón: ¿y los ratos a bordo del barco?

A mí, particularmente, esos ratos en el Endurance me gustaron. Le dan al juego un ritmo distinto al de un arcade puro de aviación, lo bajan a tierra y permiten conocer a los personajes por su nombre, su apodo y su historia, algo que en la saga suele quedar reducido a las cinemáticas. Sirven para entender de dónde viene cada uno, qué los une al protagonista y por qué deciden seguir volando en medio de una guerra que ya se cobró la capital, Theve. Son, en definitiva, la pausa necesaria para que el siguiente despegue pegue con más fuerza.

Si te copa la idea de un simulador aéreo con saga, con historia y con lugar para las dos horas de café en el comedor del barco, Ace Combat 8 es una parada obligada este finde. Yo ya lo tengo anotado para la sobremesa del sábado, con el joystick a punto y el café cargado: los pilotos del Vuelo Joker me están esperando, y esta vez, además de tirarles instrucciones por la radio, voy a poder mirarlos a la cara antes de verlos levantar vuelo.

LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

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