Saltar al contenido
Martes, 3 de noviembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Cuando la culpa no se va: lo que explican los especialistas sobre el duelo que se queda

La terapeuta Yuli de Sosa y el sacerdote Edwin Baños analizan por qué el dolor, la culpa y el resentimiento pueden acompañar a los que sobreviven durante años.

Por Constanza NietoSociedad y vida · · hace 1 d
Cuando la culpa no se va: lo que explican los especialistas sobre el duelo que se queda

Hay frases que se dicen con la mejor intención después de un entierro y que, para quien lleva el dolor adentro, no alcanzan. "Está en un lugar mejor" o "el tiempo lo cura todo" reconfortan desde afuera, pero no siempre acompañan lo que pasa por dentro de quien perdió a alguien cercano. Sobre ese punto, la terapeuta familiar Yuli de Sosa señaló que entender de manera racional que la muerte forma parte de la vida no hace desaparecer las reacciones emocionales que deja una pérdida concreta.

Entre la emoción y la razón

Según explicó De Sosa, el duelo implica un diálogo entre lo que se siente y lo que se sabe. Aceptar que la persona ya no está físicamente no significa que deje de estar presente en la memoria, en los aprendizajes y en los vínculos que dejó. Cuando alguien suprime la tristeza y muestra hacia afuera que ya superó la pérdida, mientras por dentro el dolor sigue activo, eso puede derivar en lo que se conoce como duelo no resuelto.

“Hay que dejar vivir la emoción de la tristeza, no suprimirla.”Yuli de Sosa, terapeuta familiar

La culpa que no cede

La culpa aparece entre las cargas más frecuentes después de una muerte. El sacerdote Edwin Baños señaló que ese sentimiento surge incluso en quienes acompañaron a un familiar enfermo o anciano de forma constante. La sensación de que siempre se pudo haber hecho más es habitual y se intensifica cuando hubo distancias, llamadas que nunca se hicieron, visitas postergadas o conflictos que quedaron abiertos. Esa sensación puede volver en fechas significativas o en las visitas al cementerio, sin que el tiempo la disuelva del todo.

Cuando la muerte fue por suicidio, la culpa adquiere otra dimensión. De Sosa describió las preguntas que suelen quedar entre quienes sobreviven: si hubo señales previas que pudieron advertirse y si una intervención a tiempo habría cambiado el desenlace. Según dijo, esas preguntas difícilmente se silencian solas.

El resentimiento y el perdón

El resentimiento también puede quedar instalado hacia alguien que ya murió. Baños diferenció entre guardar un recuerdo con afecto y cargar con heridas vinculadas a conflictos familiares que no llegaron a resolverse. En ese marco, planteó que el perdón puede funcionar como una manera de soltar lo que sigue pesando sobre quien todavía vive, más que como un gesto dirigido a quien ya no está.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

Te puede interesar