Gates quiere un gendarme mundial para la inteligencia artificial y ya piensa en cómo financiarlo
El cofundador de Microsoft publicó un plan que toma prestadas ideas de la inspección nuclear, la aviación civil y el protocolo de ozono para crear un organismo supranacional que audite sistemas de IA. También empuja un impuesto a empresas que reemplacen empleados por algoritmos y reserva cupos laborales del 40 por ciento.
¿Y si la inteligencia artificial necesitara su propio organismo regulador global, parecido a los que vigilan las centrales nucleares o el tráfico aéreo? Eso es exactamente lo que plantea Bill Gates en un documento difundido esta semana, una propuesta ambiciosa que mezcla tres modelos de cooperación internacional ya probados para ponerles límites a los modelos más potentes.
Tres regímenes que sirvieron de inspiración
- El régimen de inspecciones nucleares, que desde hace décadas controla qué se construye, dónde se construye y bajo qué condiciones.
- Los estándares de seguridad de la aviación civil, que garantizan que un avión que despega en Buenos Aires llegue sano y salvo a cualquier otro país.
- Los acuerdos multilaterales que frenaron el deterioro de la capa de ozono, un caso donde la comunidad científica convenció a los gobiernos de que había que actuar antes del desastre.
La idea central es sencilla y a la vez enorme: crear un ente supranacional con poder de auditoría sobre los sistemas de inteligencia artificial, con dientes para revisar qué hacen los modelos más avanzados. Gates no aclaró todavía si ese organismo debería nacer de cero o si conviene ampliar alguna institución ya existente, como la ONU u otra agencia técnica. Lo que sí dejó por escrito es que sin Estados Unidos y China sentados en la misma mesa, el proyecto no sobrevive. Por eso su equipo trabaja en cerrar un encuentro con el presidente chino, previsto de manera provisoria para noviembre, aunque todavía no está confirmado.
El razonamiento es bien directo: si Washington mueve primero y establece restricciones serias sobre determinados modelos, es probable que Beijing se sume. Y si los dos gigantes se prenden, el resto del mundo se engancha detrás. Es el mismo mecanismo que funcionó, con sus tiempos y sus roscas, con el agujero de ozono.
“El mundo entero se sumaría a esa iniciativa.”Bill Gates
A qué le quieren poner el ojo primero
Entre todas las aplicaciones posibles, Gates puso el foco en las que más le preocupan: los sistemas capaces de diseñar moléculas nuevas o de facilitar ataques biológicos. Es el flanco más sensible, el que mezcla biotecnología con inteligencia artificial y que puede usarse tanto para salvar vidas como para armar un desastre. Ahora, el propio Gates aclara que supervisar estas capacidades no significa frenar industrias enteras: la idea es vigilar los usos de mayor riesgo, no trabar investigaciones médicas ni desarrollos científicos.
El costado económico: impuestos y cupos laborales
La propuesta no se queda en lo técnico. Tiene un capítulo económico con dos ideas fuertes. La primera es un impuesto sobre los ingresos de las empresas que reemplacen trabajadores con resultados generados por inteligencia artificial; la plata se usaría para financiar redes de protección social, algo así como un seguro para los que queden afuera. La segunda es reservar hasta el 40 por ciento de los puestos de trabajo actuales para personas, en sectores donde el trato cara a cara sea irreemplazable: docentes, enfermeros, cuidadores. Gates lo planteó con un ejemplo bien personal: la atención que recibió su padre durante el Alzheimer, un vínculo humano que ningún chatbot puede clonar.
Y las propias empresas: ni solas ni líderes
Sobre la autorregulación, Gates fue categórico. Está bueno que las compañías que fabrican inteligencia artificial propongan soluciones a los problemas que ellas mismas crearon, pero no se puede esperar que conduzcan el proceso. Varios de los temas en juego exceden la capacidad técnica de cualquier empresa, y en una industria que cambia de semana a semana hace falta alguien con más espalda que un directorio corporativo. La frase cierra el círculo de toda la propuesta: la IA necesita un sheriff global, y ese sheriff no puede ser la propia industria. Si te sirve, probalo.
