Independiente rifó lo mejor que tenía y se quedó con lo justo para pelear
Ávalos, Lomónaco y Gutiérrez se fueron cuando el torneo ya estaba en marcha. La plata entró, pero se usó para pagar deudas viejas y no para traer refuerzos. El plantel quedó más flaco justo cuando la cosa se pone brava.
Pará un segundo y mirá la foto, querido lector: Independiente cerró el libro de pases vendiendo a su gol de cabeza, a su caudillo del fondo y a la figura del ataque. Y no trajo a nadie. Así, con todas las letras. El Rojo de Avellaneda le dijo chau a Gabriel Ávalos, a Kevin Lomónaco y al chileno Gutiérrez cuando la pelota ya estaba rodando, y se quedó con el mismo plantel con el que arrancó el año, pero con tres casilleros vacíos.
Tres ventas, cero caras nuevas
Ávalos, el nueve que cargaba el área con el pecho inflado, se fue a Olimpia de Paraguay. La operación no fue una venta limpia: el club canceló la tercera cuota y parte de la cuarta del pase de Zabala, y de paso saldó compromisos pendientes con el propio delantero. El total de la movida alcanzó los 950.000 dólares. O sea, hermano, vendieron para pagar, no para reforzar.
Lomónaco, el central de bajo perfil y marca firme, terminó en el Elche de España a cambio de 5,5 millones de la moneda verde. Pero otra vez la plata no quedó en Avellaneda: con esos fondos se canceló la deuda que el Rojo mantenía con el club español por el pase anterior de Marcone. Bragantino, que tenía un porcentaje del pase del zaguero, también vio algo de color. Llegó dinero, sí. Quedó en la caja, no.
El tercer fugado fue Gutiérrez, el chileno que se había convertido en la referencia ofensiva del equipo en el tramo reciente del campeonato. Se fue y el hueco quedó abierto, como una tranquera sin candado en el patio de casa.
- El club vendió cuando el torneo ya estaba en marcha, sin margen para reacomodar el plantel con tiempos lógicos.
- No hubo ni un solo refuerzo para cubrir las tres salidas.
- La plata de las operaciones se usó, en gran parte, para cancelar deudas viejas con otros clubes.
- La tendencia del ciclo se repite: ventas que financian agujeros del pasado y no el presente deportivo.
La historia reciente del libro de pases en Independiente tiene un patrón que ya se huele a la distancia. Felipe Loyola fue cedido a Pisa con obligación de compra de 5,5 millones de euros por el 70% del pase, atada a cinco partidos como mínimo. Sergio Barreto terminó en Pachuca. Cada venta se transformó en pago de alguna cuenta pendiente. Reforzar, lo que se dice reforzar, quedó en el debe una vez más.
El equipo ahora tiene menos variantes en ataque y en defensa, justo cuando el campeonato ya pasó varias fechas y los puntos de oro se reparten cada domingo. El cuerpo técnico va a tener que rearmar el rompecabezas con las fichas que quedaron sobre la mesa, mientras la dirigencia sigue atando los cables de una economía que se cae a pedazos en cada ventana de transferencias. Un golazo de visitante, bicho (expresión típica del fútbol argentino para referirse a un error grosero): se fueron los que más rendían y no vino nadie.
Ahora la pregunta cae sola, redonda como esa pelota que le gusta al hincha: con este manto corto, ¿cómo sale Independiente a la cancha el próximo compromiso? La respuesta la dará el césped. Por lo pronto, el próximo rival será a confirmar según el fixture oficial, y el horario se espera en las próximas horas desde la entidad de Avellaneda.
