La huerta de septiembre se integra al jardín y convive con las ornamentales sin perder cosecha ni paisaje
Antes de sembrar en septiembre, conviene pensar el espacio, el sol, el agua y la convivencia con plantas de varios años. Una recorrida por las claves para combinar alimentos y ornamentales en un mismo rincón del hogar.
En el barrio de Villa Devoto, donde el otoño todavía deja restos de hojas sobre la vereda y el sol de la mañana ya pega con fuerza en las ventanas que dan al norte, Graciela, vecina de la calle Gualeguaychú, me abre la puerta de su casa con una taza de té en la mano y una sonrisa que anticipa la charla. Lo que me muestra en el patio trasero es una pequeña lección de convivencia vegetal: en el mismo cantero donde hace tres años plantó un laurel comestible que hoy le oculta el tender, crecen juntos el romero que trajo su suegra de Tucumán, dos macetas con albahaca recién transplantada y, al pie de la reja, un taco de reina que en estos días empieza a abrir sus primeras flores anaranjadas. La escena, que parece improvisada, es en realidad el resultado de una planificación que Graciela fue ajustando septiembre tras septiembre, y que resume bastante bien lo que recomiendan los especialistas a la hora de armar una huerta integrada al jardín.
Porque antes de elegir qué sembrar, conviene pensar cómo se va a usar el espacio disponible. Una huerta puede compartir terreno con las plantas ornamentales y formar parte de la vista desde una ventana, pero para que esa combinación funcione el diseño tiene que contemplar tanto la cosecha como el tamaño que alcanzará cada especie y los sectores que quedarán libres para conectar distintas áreas. Lo aprendí mirando el patio de Graciela: el laurel, que arrancó como un plantín chico, hoy le ocupa medio metro de ancho y le cumple dos funciones a la vez, dar hojas para el guiso y tapar lo que ella prefiere no ver.
Cómo organizar lo que queda y lo que se renueva
Una manera práctica de ordenar la huerta, coinciden los manuales de jardinería que repasé antes de la visita, es mezclar vegetación que permanece varios años con cultivos que se renuevan cada temporada. Entre las primeras aparecen romero, tomillo, orégano y laurel comestible, especies que le dan continuidad al conjunto y que, en muchos casos, ni siquiera requieren demasiado mantenimiento. Entre las opciones de siembra de septiembre se cuentan tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino, todas con la posibilidad de incorporar semillas o plantines según el tiempo que tenga cada vecino para esperar la primera cosecha.
- Plantas que permanecen varios años: romero, tomillé, orégano y laurel comestible, útiles como estructura permanente del cantero.
- Cultivos de temporada para sembrar en septiembre: tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino, disponibles en semillas o plantines.
- Condiciones de ubicación: al menos medio día de sol directo, orientación norte en la Argentina y una toma de agua cercana para facilitar el riego en los meses de mayor evaporación.
- Cuidados del suelo: compost y humus de lombriz como aliados para mejorar la estructura y aportar nutrientes, tanto en canteros como en macetas.
- Protecciones pensadas desde el diseño: redes contra pájaros en el sector de frutillas, preferentemente ubicadas fuera del primer plano visual.
El sol, el agua y las alturas
La ubicación condiciona cualquier decisión. Las plantas de huerta necesitan al menos medio día de exposición solar directa, y en nuestro país identificar el norte ayuda a reconocer el sector con mayor asoleamiento. También resulta práctico tener una toma de agua cerca: durante la primavera y el verano se disparan la evaporación y la transpiración de las plantas, por lo que acercar el agua a la huerta es parte de la planificación y no un detalle menor. Una vez resueltas esas dos variables, recién entonces se puede jugar con la distribución de alturas, formas y colores.
En el caso del patio de Graciela, el laurel comestible cumple el rol de cerco vivo y le oculta el tender desde la mirada de quien se sienta en el living. Sobre el alambrado que da al fondo, el taco de reina aporta flores amarillas, anaranjadas o rojizas según la variedad, y le da color en los meses en que los cultivos de hoja todavía no crecieron. La elección, claro, depende de las condiciones de cultivo y del lugar que ocupará cada planta cuando alcance su tamaño adulto, algo que conviene mirar en los envases o preguntarle al viverista antes de llevárselo a casa.
Cuidar lo que se come y lo que se mira
El mantenimiento debe contemplar que habrá alimentos entre la vegetación. Los fitosanativos que se usen en todo el sector, incluso sobre las plantas ornamentales cercanas, tienen que estar aprobados para cultivos comestibles, una precaución que parece de sentido común pero que a veces se olvida cuando se mezclan los dos mundos. Compost y humus de lombriz, en el suelo o en macetas, ayudan a mejorar la estructura del sustrato y a aportar nutrientes sin necesidad de recurrir a productos químicos.
“Yo antes tenía el cantero del fondo lleno de flores y nada más. Cuando empecé a meterle albahaca y tomate me daba culpa romper el paisaje, pero después entendí que las dos cosas pueden convivir si una las piensa desde el principio. Ahora el laurel me tapa lo que no quiero mirar, el taco de reina me da alegría y la albahaca la uso para la salsa del domingo.”Graciela, vecina de Villa Devoto
Me voy del patio de Graciela con la sensación de que la huerta de septiembre, más que una lista de semillas para sembrar, es una invitación a repensar el jardín como un todo integrado. Si el espacio está pensado, el sol y el agua resueltos, y los productos que se usan son los adecuados, convivir con plantas ornamentales y alimentos en un mismo rincón deja de ser un capricho y pasa a ser una manera bastante razonable de habitar la casa. Como me dice Graciela mientras cierro la puerta, con esa misma taza de té todavía en la mano, no hay nada mejor que mirar por la ventana y ver al mismo tiempo el color de una flor y la promesa de una cosecha.
