Jueves, 10 de septiembre de 2026
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La llaga que no se va: señales para no dejar pasar el tiempo y consultar a tiempo

Una molestia común en la boca suele resolverse sola en pocos días, pero hay cuatro situaciones concretas que justifican pedir turno con un profesional antes de que el cuadro se complique.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 10 de septiembre de 2026 · hace 58 min

Todavía lo recuerdo como si fuera ayer, esa mañana de sábado en la que me crucé con Marta en la vereda de siempre, la del barrio de Villa Devoto, mientras ella volvía del kiosco con el pan y el termo bajo el brazo. Se la veía preocupada, con una mano apoyada en la mejilla y la otra sosteniendo la bolsa, y cuando le pregunté qué le pasaba me contó, con esa confianza que da el trato de años, que hacía más de veinte días que arrastraba una llaga en la boca, que no podía comer del lado derecho y que la noche anterior le había subido la fiebre. Yo le dije lo que cualquier vecina diría: que esas cosas no se dejan así nomás, y que vaya al médico, porque una cosa es una afta de las comunes, que se va sola, y otra cosa es un aviso de que algo más está pasando. Marta me miró, se encogió de hombros con ese gesto criollo de "ya verá", y me prometió que iba a llamar al odontólogo el lunes. Esa imagen me quedó dando vueltas, porque es la escena que se repite en muchísimas casas de muchísimos barrios: alguien convive con una lastimadura en la boca durante semanas, se acostumbra al dolor, lo naturaliza, y no consulta hasta que el cuadro ya se hizo difícil de manejar.

Las aftas, esas heridas pequeñas y dolorosas que aparecen en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua, son muchísimo más frecuentes de lo que uno se imagina. De hecho, se estima que cerca de una cuarta parte de la población las va a tener alguna vez en la vida, y lo más interesante es que no se contagian, porque no tienen un origen infeccioso como el herpes, sino que responden a múltiples causas que muchas veces se nos pasan por alto en el día a día. En la enorme mayoría de los casos, estas lesiones se resuelven solas, sin tratamiento, en el término de una a dos semanas, y lo único que uno puede hacer mientras tanto es tratar de aliviar la molestia con geles de venta libre o con enjuagues antisépticos que ayudan a mantener la zona limpia y a reducir el ardor. Pero acá viene el punto clave, el que separa una molestia pasajera de un problema que necesita ojos profesionales, y es ese el que me parece fundamental que todos tengamos claro antes de seguir automedicándonos o, peor aún, dejando pasar el tiempo como si nada.

Cuándo una llaga deja de ser una simple afta

La consulta con un odontólogo o con un médico clínico no es algo que deba alarmarnos ni mucho menos, pero sí es algo que tiene indicaciones bastante precisas, y conviene tenerlas a mano porque uno nunca sabe cuándo le va a tocar a uno mismo o a alguien de la familia. En concreto, los especialistas recomiendan pedir turno profesional en cuatro situaciones que conviene memorizar, y que detallo a continuación porque son las que marcan el límite entre esperar y actuar.

  • Cuando la llaga dura dos semanas o más sin mostrar signos de mejoría, porque el tiempo de evolución normal ya se superó con creces.
  • Cuando las aftas reaparecen con frecuencia, es decir, cuando se vuelven un compañero molesto y recurrente en la vida de la persona.
  • Cuando la lesión es inusualmente grande, porque las aftas comunes suelen ser pequeñas y una herida extensa puede estar diciendo otra cosa.
  • Cuando aparece una nueva llaga antes de que la anterior haya terminado de cicatrizar, lo que indica que el proceso no se está completando como debería.

A estas cuatro situaciones se suman otras señales que también justifican la consulta, y que vale la pena tener presentes porque suelen ser las que finalmente convencen a la gente de pedir un turno: un dolor tan intenso que impide comer o beber con normalidad, fiebre que aparece junto con la lesión, o cualquier cambio en la zona que llame la atención por su aspecto o por su extensión. Tengamos en cuenta, además, que las aftas que vuelven una y otra vez pueden estar asociadas a niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12, lo cual no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga automáticamente una carencia ni que deba salir corriendo a comprar suplementos por su cuenta, porque esa evaluación la tiene que hacer un profesional con estudios concretos. Y acá me parece importante remarcarlo con todas las letras: antes de encasillar a alguien como aftoso recurrente, hay que descartar otras causas posibles, y esa tarea corresponde a quien tiene el título en la pared.

También vale la pena repasar, aunque sea de manera rápida, los factores cotidianos que muchas veces están detrás de una llaga y que podemos corregir sin grandes esfuerzos. Morderse accidentalmente la mejilla o el labio, cepillarse los dientes con una fuerza innecesaria, el roce constante de un aparato de ortodoncia mal ajustado, el filo de una pieza dental que se astilló, o el consumo habitual de alimentos muy ácidos, picantes o salados, son todos desencadenantes que, una vez identificados, se pueden abordar para reducir la chances de que la lesión vuelva a aparecer. A veces la solución es tan sencilla como pedir un ajuste de la prótesis, otras veces es moderar el cepillado, y otras veces es simplemente aceitar menos la comida, pero en todos los casos la detección temprana de la causa marca una diferencia enorme en la calidad de vida de quien las padezca.

A mí, cada vez que me toca hablar de un tema así, se me vuelve a aparecer la imagen de Marta en la vereda, con su termo, su pan y su mejilla inflamada, y pienso en cuántos argentinos y argentinas habrá en esta misma situación, naturalizando un dolor que tiene salida. Una llaga ocasional no es motivo de alarma, es cierto, y de hecho la enorme mayoría se va sola sin que tengamos que hacer demasiado. Pero cuando aparece cualquiera de las señales que mencioné, la consulta deja de ser opcional y se convierte en la decisión más sensata que uno puede tomar. No hace falta esperar a que el cuadro se complique, no hace falta tener miedo, y no hace falta natürlich minimizar lo que se siente: el profesional está para eso, y pedir turno a tiempo es, en definitiva, un acto de cuidado personal que siempre vale la pena.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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