La montaña les avisó dos veces y los dos esquiadores entendieron: salieron ilesos de la avalancha en Chapelco
Una masa de nieve se desprendió en la cara posterior del filo del Cerro Chapelco, una zona fuera del dominio esquiable. Dos personas que descendían en zigzag quedaron a metros del frente blanco y lograron esquivarlo. El complejo activó el protocolo y volvió a recordar por qué hay que quedarse dentro de las pistas señalizadas.
Son las últimas horas de la tarde del jueves y la luz ya empieza a pegar baja sobre la nieve del Cerro Chapelco, en San Martín de los Andes, cuando de golpe la montaña se mueve. Una gran masa blanca se desprende del filo, en el sector posterior del cerro, a casi mil novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, y empieza a bajar por la ladera como si alguien hubiera tirado de una manta enorme. No es una zona habilitada para esquiar, pero en ese mismo instante dos personas estaban haciendo un descenso en zigzag cerca del área. La nieve pasó a pocos metros de ellos. Los dos alcanzaron a apartarse y salieron enteros. No hubo que lamentar heridos.
Lo cuenta el propio complejo Cerro Chapelco, que esta misma semana difundió un video aficionado donde se ve la velocidad con la que avanza la masa y la cercanía asombrosa de los esquiadores respecto del frente. La grabación, tomada por gente que estaba en las inmediaciones, muestra cómo en cuestión de segundos la ladera cambia de color y la nieve gana metros hacia abajo. Los protagonistas de la secuencia, en tanto, se mueven rápido y se corren del eje principal del deslizamiento.
Qué pasó después del estruendo
Apenas se confirmó el desprendimiento, el personal del centro de esquí activó el protocolo de seguridad que tienen previsto para este tipo de episodios. La prioridad fue una sola: mantener la zona despejada y frenar el ingreso de cualquier persona mientras los equipos técnicos empezaban a evaluar la estabilidad de la montaña. Por eso se cerró el acceso al sector y se pidió a visitantes y trabajadores que no se acercaran al filo.
Desde la administración del cerro recordaron algo que en San Martín de los Andes se repite cada temporada: el filo es uno de los puntos más altos del Chapelco y la cara que da hacia el sector posterior no está señalizada ni habilitada para la práctica del esquí ni del snowboard. No es un capricho del mapa. Es una decisión técnica. Estar ahí, aun con experiencia, implica exponerse a condiciones que los patrulleros y los informes de nieve no recomiendan.
Por qué se cae la nieve en una ladera
- Acumulación de capas de nieve con distinta consistencia: cuando una capa débil queda enterrada bajo otras más pesadas, puede ceder de golpe.
- Cambios bruscos de temperatura, que alteran la humedad y la cohesión del manto nivo.
- Viento fuerte, que redistribuye la nieve y genera cornisas y placas en zonas puntuales de la ladera.
- Inclinación del terreno: pendientes pronunciadas son las más propensas a deslizamientos.
- Sobrecarga por personas o maquinaria en sectores no habilitados, que pueden funcionar como el detonante final.
Después de nevadas intensas el escenario se vuelve más delicado todavía. El viento se encarga de mover la nieve fresca y depositarla en determinados puntos del cerro, formando acumulaciones que, si la adherencia entre capas es mala, se vuelven trampas. Por eso los centros de esquí delimitan con precisión las áreas seguras, marcan el dominio esquiable con balizas y carteles, y recomiendan sin vueltas no abandonar las pistas señalizadas. Lo del jueves fue, en ese sentido, un recordatorio en vivo y en directo.
La temporada sigue y la montaña, también
La temporada invernal en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, con lo cual todavía queda un mes y medio de operación en el centro de esquí. Es tiempo más que suficiente para que la montaña siga mostrando su mejor cara, pero también para que ocurran episodios como el de esta semana. La diferencia, cuando algo sale mal, suele estar en una decisión muy chica: quedarse dentro del dominio habilitado o aventurarse un poco más allá. Esta vez la montaña avisó dos veces, una con el ruido y otra con la nieve en movimiento, y los dos esquiadores alcanzaron a leerla a tiempo.
