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La mutación que casi nadie busca y que puede estar detrás de la ansiedad, el déficit de atención y los abortos espontáneos

Afecta a casi la mitad de la población, impide que el cuerpo aproveche el ácido fólico y tiene un arreglo concreto. Una especialista en biología humana lo explica y cuenta por qué el cambio de suplemento es clave, incluso durante el embarazo.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En la farmacia de la esquina, sobre la calle cortada donde Marta atiende hace veintidós años, un cartel publicita vitaminas prenatales con ácido fólico como si fuera la única manera de cuidar un embarazo. Marta, vecina de Villa del Parque, me mira y dice algo que me deja pensando: "Yo tomé ácido fólico en los tres embarazos y siempre me sentía agotada, ansiosa, como si nada me alcanzara. Nadie me preguntó nunca cómo lo metabolizaba". Esa frase abre una puerta que muchos desconocen: la del gen MTHFR, una variante presente en cerca del 46% de la población mundial que cambia por completo la manera en que el organismo procesa una de las vitaminas más recomendadas en la historia de la medicina.

Lo que explica el gen MTHFR (metilentetrahidrofolato reductasa, para decirlo completo) es bastante concreto y tiene que ver con el paso más básico de la nutrición. El cuerpo necesita transformar el folato que llega de los alimentos o de los suplementos en una forma activa, el 5-MTHF o metilfolato, que recién ahí resulta aprovechable. Cuando el gen tiene la variante común, ese paso se traba: el ácido fólico entra, circula, pero no se convierte, y termina acumulándose sin cumplir la función para la que fue pensado. El resultado es un déficit real de folato activo aunque la persona coma espinaca a diario o tome su comprimido con disciplina.

Síntomas que rara vez se vinculan a una causa genética

Lo más interesante, y a la vez lo más problemático, es que las manifestaciones de esta variante suelen leerse como trastornos independientes: ansiedad generalizada, déficit de atención, hiperactividad, abortos espontáneos recurrentes, fatiga que no se explica por los análisis de rutina. El especialista en biología humana Gary Brecka lo resume con una frase que vale la pena repetir: "Las personas no están rotas, simplemente tienen una deficiencia". La idea de fondo es que detrás de un diagnóstico psiquiátrico o de una pérdida gestacional puede haber un problema metabólico tratable que nadie buscó.

  • Reemplazar el ácido fólico sintético por metilfolato (5-MTHF), la forma que el cuerpo ya puede usar.
  • Elegir vitaminas prenatales metiladas en lugar de las que contienen ácido fólico clásico.
  • Revisar la alimentación, ya que el folato natural de los alimentos sigue siendo útil.
  • Considerar un estudio genético para confirmar la variante antes de hacer cualquier cambio importante.

La trampa del ácido fólico obligatorio

Hay un dato histórico que suma contexto y que pocas veces se menciona en la consulta. El ácido fólico es una molécula sintetizada en laboratorio en 1943, y desde 1993 varios gobiernos lo sumaron obligatoriamente a los granos procesados: panes, harinas, cereales, pastas. Para la mayoría de la población funciona como un seguro nutricional. Para quienes tienen la mutación MTHFR, en cambio, ese aporte masivo no solo no se aprovecha, sino que puede acumularse sin procesarse. Es una de esas paradojas que la medicina preventiva suele pasar por alto.

Y acá aparece el otro nutriente que la nota original pone sobre la mesa, con una lógica parecida: la vitamina D3. El rango clínico habitual va de 30 a 100 nanogramos por decilitro, pero 30 nanogramos representan, en la práctica, una deficiencia. La evidencia disponible asocia un menor riesgo de ciertas enfermedades, incluido el cáncer de mama en mujeres, con niveles de 60 a 80 nanogramos por decilitro, algo que la mayoría de los laboratorios no marca como objetivo. La recomendación mínima para llegar ahí, incluso con exposición solar regular, ronda las 5.000 unidades internacionales diarias, siempre con un detalle que se olvida: la D3 no debería tomarse sola, porque es una molécula de transporte de calcio, y la K2 es la que decide si ese calcio llega al hueso o se deposita donde no debe.

Vuelvo a la farmacia de Marta, en Villa del Parque, antes de cerrar. Le pregunto qué le diría hoy a una embarazada que entra a pedirle ácido fólico. "Le preguntaría si sabe cómo lo procesa su cuerpo, y si no lo sabe, le diría que pruebe la versión metilada", me responde, mientras acomoda los frascos en la góndola. Es una frase chica para un cambio grande: el de entender que suplementar bien no es solo tomar lo que todos toman, sino lo que cada metabolismo puede efectivamente usar.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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