La pasarela de San Miguel cerró con brillos federales y un guiño a la historia de Benito Fernández
La 67° edición de Argentina Fashion Week reunió durante cinco jornadas a diseñadores consagrados, emergentes, sustentables y de distintas provincias en el Palacio San Miguel. Una estudiante marplatense se llevó el premio mayor con una colección inspirada en colectivos y fileteado porteño.
El jueves a la tarde, cuando el sol todavía se asomaba por detrás del Palacio San Miguel y se armaba la cola para entrar al salón principal, doña Marta, vecina de San Telmo, me dijo mientras estiraba la invitación: "Yo vengo todos los años, es como el cumple de la moda argentina". Yo la miré y le contesté que esta vez se iba a encontrar con una edición distinta, más federal y más consciente, como me había adelantado la producción. Tenía razón doña Marta: durante cinco jornadas, la 67° edición de Argentina Fashion Week pasó de los brillos del Luxury Trends inaugural hasta el desfile de despedida de Benito Fernández, que festejó cuarenta años de carrera con un recorrido por sus colecciones más emblemáticas. La organización volvió a estar a cargo de Héctor Vidal Rivas y el escenario fue el clásico palacio de la calle Arenales, con capacidad para recibir a compradores, periodistas y público general.
Apertura con vestidos, negro y novia
La primera jornada abrió con Gustavo Cadile, que presentó Jardín de Luz, una colección de vestidos con referencias a la naturaleza y una lectura contemporánea de la feminidad. En la misma velada, Verónica de la Canal trabajó el dramatismo con el negro y el encaje como protagonistas, mientras que Pía Carregal mostró una cápsula nupcial donde las flores fueron el hilo conductor de cada diseño.
Una estudiante marplatense se llevó el premio mayor
El segundo día tuvo como eje a los jóvenes diseñadores, con la final del certamen Yo, el joven creador de moda 2026. El primer puesto quedó en manos de Lourdes Palacios Inza, alumna del Instituto Palladio de Mar del Plata, que se inspiró en la identidad visual de Buenos Aires: los colectivos, el fileteado y la gráfica urbana de la ciudad. La propuesta rescató los colores saturados, las tipografías y los trazos curvos que recorren las fachadas porteñas, y terminó de consagrar a una camada que viene mezclando memoria barrial con mirada contemporánea.
Sustentabilidad y patchwork misionero en la pasarela
La moda consciente tuvo su propio bloque con el desfile de la Asociación Moda Sostenible Argentina (AMSOAR), donde firmas como Cosecha Vintage, Sianayuki y UME llevaron a la pasarela prendas elaboradas con materiales naturales, técnicas de upcycling y un fuerte trabajo artesanal. Más tarde llegó el turno de Misiones Fashion Week, con diez firmas de la provincia, entre ellas Khayén, que recupera descartes de fábricas textiles y los reversiona con la técnica del patchwork. La jornada cerró con Francisco Ayala, en el desfile de la Cámara Argentina de la Moda, que presentó Oficios, una propuesta centrada en el telar, el crochet y la pintura a mano sobre seda, en un claro homenaje a los oficios textiles tradicionales.
Chile como invitado y un cierre a pura historia
El cuarto día tuvo como protagonistas a seis diseñadores de Chile Fashion Week, entre ellos Sofía Basurto, Luis Nario y Roberto Bugueño, que vinieron a reforzar el vínculo entre las industrias creativas de ambos países. La última jornada quedó en manos de Benito Fernández, que con Mi historia repasó cuatro décadas de diseño reinterpretando piezas emblemáticas para el presente.
Lo que dejó la semana de la moda
- Una marcada apertura federal, con Misiones como provincia invitada y la presencia de Chile como país invitado.
- El crecimiento de las propuestas sustentables y artesanales, que ya tienen su propio espacio en la grilla.
- La consolidación de los concursos para jóvenes diseñadores como vidriera para nuevos talentos, como la marplatense Lourdes Palacios Inza.
- Un calendario que tiende a primavera-verano 2027, con clara influencia de naturaleza, bordados, oficios y nostalgia por los íconos urbanos porteños.
Cuando terminé la recorrida por la sala principal, volví a cruzármela a doña Marta en la salida del Palacio San Miguel, ya con la bolsita del souvenir en la mano. Le pregunté qué le había parecido la edición y me dijo, con una sonrisa enorme: "Mirá, yo vi de todo: brillos, faldas cortas, muchachos con buzos bordados y hasta telas de Misiones. La moda argentina está viva". Le di la razón y me fui pensando que esta vez la Argentina Fashion Week no fue solo una pasarela de verano: fue un mapa abierto de lo que se diseña en cada rincón del país.
