Pedaleando entre espejos de agua: la Ruta de los Siete Lagos, un viaje de tres a cinco días que cambia el ritmo
De Villa La Angostura a San Martín de los Andes, 110 kilómetros de bosques, miradores y lagos que invitan a soltar el auto y subirse a la bici. Opciones, precios y claves para animarse.
Hay una imagen que se repite cada vez que me imagino la Ruta de los Siete Lagos: la luz de la mañana cayendo sobre un espejo de agua quieto, el rumor de un coihue movido por el viento y, en alguna curva, el sonido seco de una cubierta rodando sobre el ripio neuquino. Esa postal, hace rato, dejó de ser patrimonio exclusivo de los que van en auto o en combi: cada vez más gente la conquista pedaleando, y vuelve contando que el viaje les cambió el ritmo de la cabeza.
El tramo que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes, en Neuquén, recorre unos 110 kilómetros dentro de los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi. En el camino aparecen, uno tras otro, los lagos Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso y Espejo, con miradores, cascadas y valles que se abren entre lengas y coihues. La temporada para animarse va de noviembre a abril, aunque los más experimentados suelen esquivar enero.
Dos maneras de hacerlo: solo o con guía
La opción más elegida por los viajeros independientes es el formato autónomo. Se alquila una bicicleta con un pequeño trailer que trae casco, inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y chaleco reflectivo. La bici se retira en San Martín de los Andes y se devuelve en Villa La Angostura. El recorrido habitual dura tres días y dos noches, y los campings del camino están señalados en un mapa que entrega la empresa de alquiler, lo que permite resolver la logística de pernocte sin sorpresas.
La otra variante es el tour organizado, que arranca incluso antes, en Bariloche, con el Circuito Chico, Paso Córdoba, Laguna Rosales y el Bosque de Arrayantes antes de empalmar con la Ruta de los Siete Lagos. Son cinco días en grupos de entre 30 y 40 personas, con guías, mecánicos y vehículo de apoyo, y con bicicletas eléctricas disponibles para quien quiera ahorrarse los tramos más duros. Esta modalidad, por el acompañamiento y la logística, es la que suelen elegir los viajeros mayores de 50 años. También hay operadores que ofrecen itinerarios de dos, tres y cuatro días saliendo desde Villa La Angostura hacia San Martín de los Andes, con logística previa y posterior incluida.
Cuerpo, piernas y entrenamiento
En las conversaciones con gente que ya completó el recorrido aparece una coincidencia: no hace falta ser ciclista de alto rendimiento, sí un mínimo de estado físico. El segundo día suele ser el más exigente, por la acumulación de kilómetros y los desniveles. Quien vive en zonas llanas, como Buenos Aires, escucha siempre el mismo consejo: cinco o seis meses de entrenamiento previo con foco en fuerza de piernas, mucho rodar en calle (no sólo en bicicleta fija) y práctica con cambios y piñones. La alimentación también pesa: proteínas e hidratos antes y durante el recorrido ayudan a sostener el esfuerzo en jornadas largas.
- Reservá con anticipación en alquileres y tours: la demanda crece cada verano y los cupos se completan rápido.
- Llevá ropa técnica por capas: el clima patagónico puede pasar del sol al viento frío en minutos.
- Sumate un buen par de guantes y antiparras: el ripio y el viento en la cara lo agradecen.
- Respetá los horarios de descanso: la recomendación es arrancar temprano y cortar al atardecer.
- Protegé la bici del agua y revisala cada noche si elegiste la modalidad autónoma.
Un consejo práctico para quienes arrancan
Si tu primera opción es la bici tradicional, el dato que siempre repiten los que ya fueron: en la bajada del primer día, saliendo desde Villa La Angostura, te esperan los kilómetros más simples, ideales para entrar en confianza con la bici y el trailer. Ahí, en el kilómetro 35 aproximado, está el desvío hacia el Lago Espejo, uno de los rincones más fotogénicos del recorrido. Después, el segundo tramo acumula subidas hasta San Martín de los Andes, con el Lago Lácar como cierre.
Para comer bien en la zona, dos paradas que siempre vuelven en las recomendaciones de los viajeros: en Villa La Angostura, sobre la avenida principal, hay un par de cervecerías con platos de cordero y trucha que reabastecen al ciclista cansado del primer tramo; y ya en San Martín de los Andes, a pocas cuadras del centro, alguna parrilla de la calle principal con buena provoleta y cervezas artesanales. Para los campings del medio, en cambio, conviene salir con viandas propias, porque la oferta gastronómica sobre el camino es acotada y los horarios son puntuales.
Yo lo digo cada vez que alguien me pregunta: la Ruta de los Siete Lagos en bicicleta no es una hazaña reservada a deportistas. Es, sobre todo, una invitación a mirar la Patagonia a otra velocidad, con el cuerpo entero puesto en cada curva. Si te tienta la idea, este verano puede ser una buena excusa para empezar a entrenar las piernas y animarte a pedalear esos 110 kilómetros que separan dos pueblos que parecen cortados con la misma tijera. La montaña espera, y el ripio, también.
