Solo uno de cada siete jóvenes de 18 a 25 años accede a un empleo pleno en la Argentina y la brecha se reproduce según el nivel socioeconómico del hogar
Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA describe un mercado laboral juvenil fragmentado, donde el origen familiar condiciona las chances de inserción. La informalidad, el desempleo y la inactividad concentran al 85,8% de los jóvenes, y el 20,7% no estudia ni trabaja.
Nicolás Heredia, Economía — El empleo pleno de derechos (aquel registrado, con aportes jubilatorios, cobertura de obra social, aguinaldo y vacaciones pagas) constituye una excepción dentro del universo de jóvenes argentinos de entre 18 y 25 años: apenas el 14,2% de ese segmento poblacional accede a un puesto de trabajo formal, de acuerdo con un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) perteneciente a la Universidad Católica Argentina (UCA). La proporción restante se reparte entre la informalidad, el desempleo de corta o larga duración y la inactividad total, lo que configura un mercado laboral juvenil profundamente fragmentado, en el cual el punto de partida familiar determina en buena medida las posibilidades reales de inserción.
Cómo se reparte la situación ocupacional de los jóvenes
Del total de jóvenes de 18 a 25 años, el 30,2% cuenta con algún tipo de empleo regular, aunque dentro de ese subconjunto el 16% se desempeña en condiciones precarias. Un 22,5% se sostiene mediante changas, trabajos eventuales o intermitentes, o atravesó un episodio de desempleo reciente. Otro 10,7% acumula más de seis meses sin trabajo, mientras que el 36,6% directamente no busca ni ejerce actividad laboral remunerada. La fotografía agregada muestra que siete de cada diez jóvenes carecen de empleo formal o no se encuentran trabajando, una proporción que el informe del ODSA describe como estructural.
En comparación con el mismo período del año anterior, la fotografía recogida por el observatorio de la UCA muestra que la proporción de jóvenes que no estudia ni trabaja alcanza al 20,7% del segmento, con un salto llamativo cuando se observa el nivel socioeconómico del hogar: en el estrato muy bajo esa cifra trepa al 34,2%, mientras que en el estrato medio alto se reduce al 8,3%. La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar también varía de manera significativa según el origen familiar: el 41,2% de los jóvenes del estrato medio alto solo estudia, contra apenas un 15,6% en el estrato muy bajo. Apenas el 13% de los jóvenes logra combinar estudio y trabajo al mismo tiempo.
- Empleo pleno de derechos: 14,2% de los jóvenes de 18 a 25 años.
- Empleo regular pero precario: representa el 16% dentro del 30,2% que tiene algún trabajo registrado.
- Changas, trabajos eventuales o desempleo reciente: 22,5%.
- Desempleo de larga duración (más de seis meses): 10,7%.
- Inactividad total (no busca ni trabaja): 36,6%.
- Jóvenes que no estudian ni trabajan: 20,7% en el promedio, con un rango que va del 8,3% en el estrato medio alto al 34,2% en el estrato muy bajo.
- Jóvenes que solo estudian: 41,2% en el estrato medio alto frente a 15,6% en el estrato muy bajo.
- Jóvenes que combinan estudio y trabajo: 13% del total.
El peso del hogar y la fragilización de los ingresos
El informe del ODSA subraya que la condición ocupacional del principal sostén económico del hogar opera como una variable clave: cuando ese adulto cuenta con empleo pleno, las chances de que el joven permanezca dentro del sistema educativo tienden a aumentar, mientras que cuando predominan la precariedad o el desempleo en el hogar crece la probabilidad de que el joven tampoco estudie ni trabaje. El observatorio aclara, no obstante, que incluso un empleo protegido del principal sostén económico no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja. La inserción irregular sin estudio crece del 4,9% al 26,8% entre el estrato medio alto y el muy bajo, y quienes no estudian ni trabajan pasan del 13,3% al 30,5% cuando el jefe o jefa de hogar deja de tener empleo pleno para caer en una situación de subempleo o desempleo inestable.
El impacto sobre los ingresos llega a medirse en la gestión cotidiana del dinero. Según un estudio de la consultora Zentrix, el 85,5% de los jóvenes de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible, frente al 60,6% de quienes tienen entre 40 y 59 años. La menor antigüedad laboral, la mayor incidencia de la informalidad y los salarios de entrada explican en parte esa diferencia, que también se vincula con la cobertura social limitada en los tramos iniciales de la vida laboral. Resta confirmar cómo evolucionarán estos indicadores en los próximos relevamientos del ODSA y si las políticas de incentivo a la formalización y a la compatibilización de estudio y trabajo logran modificar la fragmentación que el informe describe.
