Ted Lasso vuelve a caminar la cornisa: la sombra de Nate se agranda con Alice Chilton
La cuarta temporada de la serie de Apple TV mete a una asistente nueva que arranca con la misma frustración que terminó enfermando al querido Nate. La diferencia es que esta vez Ted parece haber aprendido la lección, y la nota la escribe alguien que vio cada capítulo con el corazón en la mano.
Yo no me voy a esconder, lo digo de una: cuando arranqué la cuarta temporada de Ted Lasso y me crucé con Alice Chilton, la nueva asistente que le metieron al equipo femenino del Richmond, se me dibujó una sonrisa de oreja a oreja. Porque Tanya Reynolds le pone a la piba una cara de entrenadora que se la banca, con carácter de sobra, y uno ya se la imagina laburando al lado de Roy Kent, en esa dupla de rachas cortas y códigos de vestuario. Pero nada que ver, amigos. El quinto episodio le da un volantazo a la historia y la manda por una calle que a mí, como espectador de toda la vida de esta serie, me suena bastante conocida, y no precisamente por lo buena que es.
El mismo arranque que tuvo Nate
Mirá, yo a Nate Shelley lo vi nacer adentro de la serie. Era el pibe que cargaba el bidón de agua, el que todos pasaban por alto, y de golpe Ted le dio una oportunidad enorme: lo subió a entrenador asistente, lo bancó en público, lo hizo sentir parte. Y yo, como medio mundo, me lo adoré en esa primera temporada. Pero después la fama se le subió a la cabeza, se sintió ignorado por el propio Ted que lo había parido futbolísticamente, y se transformó en un tipo cruel con los que menos poder tenían. Eso lo vimos llorar en cámara y también lo vimos hacer pelota a un pibe en una rueda de prensa. La tercera temporada intentó cerrarlo con una redención que a mí me dejó gusto a poco, y acá estamos, cuatro años después, viendo cómo la serie decide volver a poner ese espejo en la pantalla, pero con otro cuerpo.
Porque Alice Chilton arranca con el mismo ADN que tenía Nate en la primera temporada: talento real, un currículum que la avala, y una dificultad de encaje en esa cultura de equipo que Ted promueve con sus frases de coach motivacional y sus cartelitos en el vestuario. Ted construye todo alrededor del crecimiento colectivo, del abrazo, del creer. Chilton, en cambio, siente que no recibe la misma atención que sus pares y se le empieza a cocinar una irritación que va in crescendo. El punto de quiebre llega en un entrenamiento, cuando se da cuenta de que las jugadoras están más interesadas en la vida personal de Ted que en escucharla a ella. Ahí, te lo digo yo, se le nota en la cara la misma mezcla de bronca e impotencia que se le notaba a Nate cuando se sentaba en el banco y miraba a Ted como diciendo «a mí no me ven».
- Alice Chilton es interpretada por Tanya Reynolds y llega como asistente del equipo femenino del Richmond.
- El quiebre se produce en el quinto episodio, cuando descubre que las jugadoras hablan más de Ted que de su trabajo.
- Chilton tiene un antecedente directo con Gemma, a quien habría apartado del fútbol por sus críticas duras.
- La diferencia con Nate es que esta vez Ted suspende a Chilton en pleno partido, antes de que el daño sea irreparable.
- La serie lee esa decisión como madurez del personaje y no como una contradicción con su filosofía de «ser buen tipo».
- El arco todavía está abierto: la cuarta temporada no define si Chilton podrá torcer su camino.
Lo que cambia esta vez es la reacción de Ted
Acá es donde la serie, para mí, se da el lujo de mostrar que el personaje aprendió algo. Porque el Ted de las primeras temporadas era el que bancaba hasta que el barco se hundía, el que confiaba en la gente hasta cuando la gente le metía la puñalada por la espalda. El Ted de esta cuarta temporada mira a Chilton, ve las señales que ya conoce porque las vivió con Nate, y toma una decisión que duele: la suspende durante un partido. La serie te lo vende como madurez y no como contradicción, y a mí me cierra. Lo plantea con una idea que a mí, laburante de la cultura popular, me parece enorme: ayudar a las personas ya no significa tolerar que lastimen a otras. Esa frase, que suena a póster de oficina, en la serie se vuelve carne viva, se vuelve decisión de técnico, se vuelve el tipo dejándote afuera del vestuario cuando ve que te pasás de rosca.
Y te tiro un dato que a mí me partió: Chilton tiene historia previa con Gemma, una jugadora que se alejó del fútbol por las críticas duras de la asistente. Ese antecedente es el que le pone peso a cada reacción de Chilton y el que le marca cuánto margen de error le queda adentro del Richmond. Cuando vos ya le quitaste el sueño a una jugadora con tus formas, cada gesto se lee distinto, y el equipo lo sabe. La serie no te lo dice con un cartelito, te lo muestra con las caras de las pibas, con la distancia que le marcan, con el silencio del banco cuando Chilton se para a dares. Eso, para mí, es la marca de la casa de Ted Lasso cuando está funcionando: te cuenta la crisis sin gritarla.
“Ayudar a las personas ya no significa tolerar que lastimen a otras.”Lectura de la serie sobre la decisión de Ted con Chilton
Ahora, mi recomendación para este sábado, que es el día que muchos de nosotros nos sentamos a mirar la serie con la familia o solos, con el termo y la pantalla grande, es la de siempre pero con un signo de pregunta enorme: dense el gusto de volver sobre los capítulos del arco de Nate antes de mirar este tramo de Chilton. Yo lo hice, y te juro que la emoción de ver a Ted reaccionando a tiempo, en lugar de llegar tarde como llegó con su ex asistente, me pegó en un lugar que no esperaba. Ted Lasso 4 sigue colgada de la duda sobre si Chilton va a poder torcer el destino, pero lo que ya está resuelto, y eso es lo que a mí me reconcilia con la serie, es que su protagonista esta vez mira para adentro antes de mirar para afuera, y cuando ve la sombra, la nombra en voz alta en vez de esperar a que oscurezca el vestuario entero. Eso, amigos, es crecer. Y a mí, que lo miro todo con el corazón de cuartetero viejo, me deja conforme.
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