Un número para medir lo que el cuerpo y la mente todavía pueden hacer: la capacidad intrínseca que crece entre los investigadores de longevidad
Un indicador que combina cognición, movilidad, sentidos, ánimo y energía busca anticiparse a las enfermedades antes de que lleguen. Aunque todavía no se usa en los consultorios, ensayos clínicos en Francia y Estados Unidos intentan validarlo como herramienta de seguimiento y hasta como criterio para aprobar fármacos.
Lo conocí a Mabel una mañana de julio, en la esquina de su casa de siempre, en Villa del Parque, mientras barría la vereda como cada día desde hace más de cuarenta años. Mabel tiene 71, camina a paso firme, escucha bien, lee sin anteojos el diario papel y todavía se acuerda del nombre de todos los vecinos del pasaje. Cuando le conté de qué se trataba este indicador que mide cinco dimensiones del funcionamiento humano al mismo tiempo, me miró con esa mezcla de orgullo y desconfianza que tienen los que ya vivieron bastante y saben que las promesas médicas suelen venir con letra chica. Lo que te voy a contar, le dije, todavía no es parte del chequeo anual, pero hay científicos que están empeñados en cambiar eso.
Cinco dimensiones en un solo puntaje
La capacidad intrínseca, tal como la bautizó la Organización Mundial de la Salud en 2015 dentro de su programa de envejecimiento saludable, propone algo que suena ambicioso y a la vez razonable: dejar de medir la salud de una persona mayor por las enfermedades que tiene y empezar a medir lo que su cuerpo y su mente todavía pueden hacer. El puntaje reúne cinco subdominios: cognición, locomoción, capacidad sensorial (visión y audición), bienestar psicológico y vitalidad, esa energía general que a veces se confunde con voluntad pero que en realidad tiene una base fisiológica. Lo interesante es que varias de esas pruebas ya se hacen en los consultorios de geriatría, como la velocidad al caminar, la fuerza de agarre de la mano o los tests para detectar deterioro cognitivo. Lo nuevo, lo que cambia las reglas del juego, es juntarlas en un solo número y, sobre todo, mirar cómo evoluciona ese número con el paso de los años.
“Incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, aún podemos detectar cambios en su capacidad.”John Beard, profesor de envejecimiento productivo en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia
Esa frase de Beard, uno de los impulsores del concepto, resume la filosofía detrás del indicador: la salud no empieza cuando aparece la enfermedad ni termina cuando se la diagnostica, y hay un terreno enorme en el medio donde se puede actuar. La idea es detectar deterioros chiquitos, sutiles, antes de que se transformen en caídas, en internaciones o en cuadros graves. Si el puntaje baja en alguno de los cinco ejes, se puede intervenir a tiempo con ejercicio, con cambios en la alimentación, con una consulta con el especialista que corresponda.
Dónde se está probando y qué falta
- En Francia se desarrolla un ensayo en el que adultos mayores completan cuestionarios periódicos sobre su capacidad intrínseca y reciben recomendaciones personalizadas. Si el puntaje cae, los derivan a un médico clínico o a un geriatra para estudios adicionales. Los resultados todavía no son concluyentes.
- En Estados Unidos, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Salud financia un programa que busca probar que la capacidad intrínseca refleja cómo se siente y funciona una persona, y que puede mejorar con ejercicio físico o con fármacos que ya existen en el mercado.
- El objetivo más ambicioso es que el indicador termine siendo un criterio válido para aprobar medicamentos dirigidos específicamente al envejecimiento, un campo que hasta ahora se mueve en un terreno regulatorio difuso.
Le conté todo esto a Mabel mientras cebaba mate en su cocina, con la radio de fondo puesta en una FM de tango. Me dijo que a ella lo que más le importa no es el número en sí, sino la idea de que alguien la mire entera, no solo la rodilla que le duele o la presión que a veces se le descompensa. Si este indicador sirve para eso, me dijo mientras me pasaba el termo, bienvenido sea. Yo me fui pensando que tal vez el verdadero cambio no esté en la métrica sino en la mirada: una que mida lo que uno todavía puede, en lugar de limitarse a contar lo que ya le falta.
