Apnea del sueño en mujeres: cuando el cansancio diurno y el insomnio no son solo estrés
Ronquidos, dolor de cabeza matinal y somnolencia pueden ser señales de apnea obstructiva, un trastorno que en mujeres suele pasar inadvertido y confundirse con otras causas. La consulta profesional y los estudios específicos son clave para llegar a un diagnóstico.
Vivo en un barrio donde las vecinas nos contamos los malestares como quien pasa el parte del clima. La semana pasada, Marta, que vive a dos cuadras sobre la calle Mitre, me dijo que estaba cansada hasta el hartazgo: amanecía con dolor de cabeza, se dormía en el colectivo y llevaba meses sin pegar el ojo seguida. Su médica de cabecera le había puesto el rótulo de estrés, pero los estudios no cerraban. Cuando finalmente la derivaron a un especialista en sueño, el diagnóstico fue apnea obstructiva del sueño: un trastorno que en mujeres suele disfrazarse de cansancio, insomnio o cambios de humor, y que puede pasar inadvertido durante años.
Lo que le pasaba a Marta no es un caso aislado. El agotamiento diurno, los dolores de cabeza al despertar, la dificultad para iniciar el sueño o sostenerlo y las alteraciones del ánimo pueden ser manifestaciones de apnea obstructiva del sueño en mujeres, aun cuando no haya ronquidos fuertes ni pausas respiratorias llamativas. Estos malestares se confunden con facilidad con estrés, con los cambios propios de la menopausia o con un insomnio clásico, y por eso el cuadro suele quedar sin nombre durante mucho tiempo.
Por qué cuesta detectarlo
Una revisión sobre el trastorno estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría carecer de diagnóstico. El mismo trabajo señala que hasta un 40 por ciento no presenta los síntomas más conocidos, como los ronquidos intensos o la sensación de ahogo nocturno. En el caso de Marta, por ejemplo, su marido nunca había escuchado ronquidos fuertes, y eso retrasó la sospecha: la ausencia de ronquidos no descarta el trastorno.
Los cuestionarios que suelen usarse como primera criba —los que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello— sirven para estimar el riesgo, pero pueden identificar menos casos entre mujeres. Algunas pruebas domiciliarias también tienden a registrar de manera incompleta ciertas alteraciones respiratorias, incluidas las que se concentran en la fase REM del sueño, justamente cuando en las mujeres se expresan con mayor frecuencia los eventos más prolongados.
- Síntomas que en mujeres pueden indicar apnea del sueño: somnolencia diurna, dolor de cabeza matinal, insomnio de conciliación o de mantenimiento, cambios de ánimo y dificultad para concentrarse.
- Señales que no deberían minimizar la sospecha: ronquidos leves o ausentes, antecedentes de hipertensión, embarazos con complicaciones y llegada de la menopausia.
- Pasos recomendados cuando los síntomas persisten: consulta profesional, revisión de tratamientos hormonales y, si el médico lo indica, estudio nocturno en un centro especializado donde se monitorean respiración, actividad cardíaca, movimientos y fases del descanso.
- Situaciones que requieren coordinación entre equipos: embarazo, menopausia y procedimientos quirúrgicos programados, ya que pueden modificar el abordaje y el seguimiento.
Embarazo, menopausia y otros momentos de riesgo
El embarazo y la menopausia pueden aumentar el riesgo de apnea o empeorar un cuadro previo, por los cambios hormonales y físicos que modifican la vía aérea y la distribución de la grasa corporal. En estas etapas, el abordaje debe coordinarse entre el equipo obstétrico o de ginecología y un especialista en sueño, y si hay una cirugía prevista corresponde informar al equipo médico para adaptar la estrategia. En algunos casos, el tratamiento con CPAP —un equipo que mantiene abierta la vía respiratoria mediante presión de aire— puede indicarse y ajustarse de manera personalizada.
Lo que más me quedó dando vueltas de la charla con Marta es esto: su apnea estaba ahí desde hacía rato, disfrazada de agotamiento y de noches en blanco. Ella hoy duerme con un equipo de CPAP, sigue el control con su especialista y volvió a ser la vecina que se sienta en la vereda a charlar sin cabecear a los cinco minutos. Si algo de lo que describe esta nota suena parecido a lo que te pasa, no lo dejes pasar: una consulta a tiempo puede cambiar el día y, sobre todo, las noches.
