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Asma con signo femenino: cómo las hormonas vuelven más difícil la vida de las mujeres que conviven con la enfermedad

Después de la pubertad, la balanza se inclina en contra: más episodios graves, más internaciones y un control clínico que se complica con el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia. La ciencia empieza a desentrañar por qué.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Vine a la farmacia del barrio con la receta en la mano y me crucé con Marta, la de toda la vida, que atiende el kiosco de la esquina sobre la avenida Mitre. Me vio con los ojos llorosos, tosiendo a cada rato, y enseguida me preguntó si estaba engripada. Le dije que no, que era el asma, que otra vez andaba con la crisis a cuestas. Y ella, con esa confianza que da compartir cuadra desde hace décadas, me soltó: a mí me pasa igual, pero ojo, cada vez que me viene la regla se me descontrola todo. Me quedé pensando en lo que había dicho mientras ella me acercaba un vaso de agua. Ese cruce de palabras, que parece menor, es exactamente lo que hoy describen los especialistas como una de las claves del llamado asma con sesgo de género.

Soy Constanza Nieto y en esta nota de Sociedad y vida me propongo desarmar, con la mayor claridad posible, por qué después de la pubertad las mujeres con asma corren con desventaja frente a los varones. No es una impresión: los registros internacionales marcan que la enfermedad cambia de manos en la adolescencia. Hasta los diez, doce años, los varones son los más afectados. A partir de ahí, la curva se cruza, y en la adultez las mujeres concentran mayor prevalencia, más visitas a guardias y más internacionales.

Lo que dicen los números globales

Un análisis publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine, basado en datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que en ese año había 260 millones de personas con asma en el mundo. La cifra, de por sí enorme, esconde el detalle que más nos interesa: la carga de enfermedad se distribuye de manera desigual entre sexos a partir de cierta edad. Y la pregunta que atraviesa a la comunidad médica es por qué.

La diferencia entre sexos no tiene una causa única. Un estudio publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, conducido por Dawn C. Newcomb de la Universidad Vanderbilt, trabajó con células inmunitarias de pacientes con asma grave y encontró que el estradiol y la progesterona pueden aumentar la producción de IL-17A, una proteína vinculada a procesos inflamatorios. También detectó mayor actividad de células inmunitarias llamadas TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo diagnóstico. Los propios autores aclaran que el hallazgo no prueba causalidad directa ni se aplica a todos los casos: el grupo estudiado fue chico y parte del análisis se hizo en modelos animales.

“No se trata de genes completamente distintos entre mujeres y varones. Un mismo gen puede comportarse de manera diferente según el sexo, en interacción con factores hormonales y ambientales.”Patricia Silveyra, Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana

Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: tres mojones que alteran el cuadro

  • Ciclo menstrual: una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta el cuarenta por ciento de las pacientes podría notar variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles no permiten cerrar una cifra definitiva. La hipótesis más trabajada apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos a la menstruación, que pueden aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.
  • Embarazo: la evolución tampoco es predecible. Un patrón clínico tradicional describe que aproximadamente un tercio de las embarazadas con asma empeora, un tercio se estabiliza y un tercio mejora, de modo que el seguimiento tiene que ser personalizado y estrecho.
  • Genética y peso corporal: la investigadora Patricia Silveyra remarca que no alcanza con mirar las hormonas. Influyen también la predisposición genética, el exceso de peso, que de por sí favorece cuadros más inflamatorios, y la exposición ambiental a alérgenos y contaminantes.

Volví al kiosco de Marta con la nota ya escrita en la libreta. Le leí en voz alta lo que dicen los papers sobre la progesterona y la menstruación, y ella se rio con cara de te lo dije. Charlamos un rato largo sobre las guardias que tuvo que pasar, sobre las noches sin aire, sobre la vergüenza que a veces da andar con el puff en la calle. Antes de despedirnos me regaló un paquete de caramelos de menta y me dijo algo que me quedó dando vueltas: mientras los médicos entiendan que no es lo mismo un varón con asma que una mujer con asma, vamos a seguir peregrinando por las guardias. Tiene razón. La evidencia empieza a acumularse, sí, pero del otro lado del mostrador, del lado de las pacientes, lo que hace falta es que esa evidencia se traduzca en consultas más atentas, tratamientos ajustados al ciclo hormonal y un acompañamiento que contemple los momentos críticos de la vida reproductiva. Por ahora, el asma lleva décadas siendo pensada con varón como modelo. Empieza a quedar claro que eso fue, como mínimo, un error de diagnóstico.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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