Cuando la confusión aparece de golpe en un abuelo, lo primero es llamar al médico
Un cambio brusco en la atención, la conducta o la orientación puede ser un episodio de delirio y, muchas veces, tiene una causa reversible si se la trata a tiempo.
Esta mañana, en el barrio de Belgrano, mientras esperaba el colectivo en la parada de Cabildo y Juramento, me crucé con Marta, una vecina de toda la vida que conozco del kiosco de la esquina. Marta tiene 78 años, lleva un audífono nuevo y suele venir a charlar conmigo sobre los precios de la yerba y la novela de la tarde. Pero hoy la noté rara: me miró como si no me ubicara, me dijo que el ómnibus que esperábamos era el 42 cuando en realidad era el 29, y se quedó varios segundos con la vista perdida en la vereda, como buscando algo que no podía nombrar. Le pregunté si se sentía bien y me respondió con una frase inconclusa. Ahí mismo, en la parada, decidí que no era un día para seguir la rutina: la acompañé a su casa y le dije a su hija que la llevara a una guardia sin demora.
Un cambio de un día para el otro no es "la edad"
Lo que le pasó a Marta esa mañana, según explican los especialistas, puede ser mucho más que un mal momento: una desorientación que aparece de golpe en un adulto mayor es una señal de alerta que necesita atención médica inmediata, incluso cuando la persona ya tiene un diagnóstico de demencia. Así lo sostuvo Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de la Cleveland Clinic, al recordar que un cuadro de este tipo puede estar anunciando un problema en el organismo que tiene tratamiento.
Torbic insistió en un punto que a los familiares suele confundirlos: confundir el episodio con una simple manifestación de la demencia puede retrasar la consulta y dejar sin atender la causa que lo disparó. En muchos casos, esa causa es algo relativamente común y tratable —una infección urinaria, un desequilibrio en los electrolitos, un efecto de un medicamento reciente— y al corregirla el cuadro se revierte.
Cómo distinguir un delirio de la demencia
- El tiempo de aparición: el delirio se instala en horas o a lo sumo en uno o dos días; la demencia, en cambio, avanza durante meses o años.
- Las variaciones en el día: en el delirio es típico alternar momentos de lucidez con momentos de confusión dentro de la misma jornada.
- La atención: en las primeras etapas de la demencia suele mantenerse más estable; en el delirio cuesta seguir una conversación o concentrarse en lo que pasa alrededor.
- La conducta: puede haber un retraimiento inhabitual o una agresividad que no es la del carácter de siempre.
En el caso de Marta, lo que me terminó de preocupar fue justamente eso: el cambio de un día para el otro. La semana pasada habíamos charlado largo sobre la noticia del aumento del colectivo y hoy, en la parada, no parecía la misma. Esa diferencia entre "ayer estaba bien" y "hoy está perdido" es, para los médicos, la pista más clara de que algo agudo está ocurriendo.
Por qué las internaciones son un momento de riesgo
Según Torbic, el delirio aparece con frecuencia durante las internaciones, sobre todo en cuidados intensivos, y el riesgo crece cuanto más se prolonga la estadía en el hospital. Frente a esa situación, el equipo de salud sale a buscar un desencadenante que se pueda tratar: una infección, una alteración metabólica, un cambio de medicación. Cuando se corrige esa causa, en muchos casos la confusión se revierte.
“Mientras esperaba con Marta en la puerta de su casa, antes de que llegara su hija, pensé en algo que la farmacéutica de Cleveland Clinic había dicho y que me quedó dando vueltas: la demencia también necesita evaluación médica, pero por sí sola no suele ser una emergencia. Lo que sí es una emergencia, y muchas veces pasa inadvertido, es un cambio brusco respecto del estado habitual de la persona.”Constanza Nieto
Cuando su hija llegó, le conté lo que había visto: la confusión con el número de colectivo, la frase cortada, la mirada perdida en la vereda. Le dije que no era un tema de esperar a ver cómo se sentía mañana, sino de ir a una guardia. Antes de subirse al auto, Marta me tomó del brazo, me miró fijo y me dijo, ya más entera: "Constanza, hoy se me nubló todo". Esa frase, justamente, es la que ningún familiar ni ningún vecino debería dejar pasar.
