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Julieta Prandi y Emanuel Ortega se dieron el sí en San Isidro: 36 testigos, Palito mirando de cerca y un casamiento que ya estaba viviendo

La conductora y el músico formalizaron una historia que arrancó en pandemia, durante el aislamiento, cuando todavía no se conocían en persona. Ella dijo que es la más romántica de los dos, él contó que fue quien pidió casamiento y los padres del novio fueron testigos privilegiados de una jornada chica y a las apuradas.

Por Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos · 15 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Yo te digo lo que vi y lo que sentí, como si hubiera estado ahí, en la vereda del Registro Civil de San Isidro, mezclada entre los 36 que se llegaron a la boda de Julieta Prandi y Emanuel Ortega. Porque esta historia tiene esa cosa de cuento que arranca en pandemia y termina, o mejor dicho empieza de nuevo, con un civil chiquito, en familia y a las apuradas. El martes 15 de septiembre, la conductora y el músico sellaron una relación que ya venía funcionando hace rato: convivían, eran familia ensamblada y, como ella misma reconoció al salir, el trámite fue más un símbolo que una revolución sentimental.

Ella lo dejó clarito al hablar con la prensa después de la firma, con esa manera de decir las cosas que tiene Prandi, sin vueltas: "Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo". O sea, el casamiento no vino a arreglar nada ni a arreglar cuentas pendientes: vino a ponerle moño a algo que ya estaba happening, como se dice ahora. Y en el mismo tono, tiró la frase que a mí, te juro, me pintó una sonrisa enorme: "Si se quiere, yo soy la más romántica y era mi sueño casarme". Ahí la tenés a Julieta, poniendo el pecho y bancando su lugar de romántica de la pareja, mientras Emanuel, el hijo del gran Palito Ortega, confirmó lo que se sospechaba: que la propuesta de matrimonio la hizo él. Vamos, el músico se jugó y pidió. Bien.

Una historia que arrancó en cuarentena y por Instagram

Para entender por qué este casamiento tiene la carga emotiva que tiene, hay que retroceder un poco y contar cómo se conocieron, porque la historia de ellos tiene la marca indeleble de la pandemia, esa época tan rara que todos recordamos de una manera. El vínculo entre Julieta y Emanuel arrancó a mediados de 2020, en pleno aislamiento, cuando todavía no se podía ni tomar un café en la esquina. Los primeros contactos fueron por Instagram, esa red social que para muchos fue la única ventana al afuera durante esos meses, y después siguieron con llamadas, esas conversaciones largas que armaban cuando todavía no se habían visto la cara en persona. El cara a cara llegó el 13 de agosto de aquel año, ya con un poco más de aire. Y desde ahí, no pararon: vino la convivencia, vino la familia ensamblada y, ahora, el civil.

Treinta y seis invitados, los Ortega a pleno y un aviso a último momento

Ahora, lo de la boda en sí, porque la organización fue tan particular como la pareja. Imaginate la escena: en vez del clásico salón con trescientos invitados, la cosa fue íntima, de 36 personas, entre familia y amigos cercanos. Y acá viene uno de los datos que más me llamó la atención: los invitados fueron avisados con muy poca anticipación. ¿Por qué? Prandi lo explicó con la simpleza que la caracteriza: buscaban una reunión chica y en familia, sin protocolos pesados ni grandes preparativos. Y la verdad, viendo los tiempos, se nota que quisieron cuidar la fecha del ojo ajeno para que el día fuera, sobre todo, de ellos.

  • Palito Ortega y Evangelina Salazar, los padres del novio, fueron de la partida y vieron a su hijo dar el sí con la conductora.
  • Martín Ortega, el hermano de Emanuel, también estuvo presente en el civil.
  • Los 36 invitados se enteraron con muy poca anticipación porque la pareja buscaba una reunión chica y en familia.
  • La pareja mantuvo la fecha en reserva hasta último momento para preservar la intimidad del momento.

Y si me preguntás a mí, qué valor tiene una ceremonia así de íntima, te lo contesto con el corazón en la mano: mucho. Mucho más del que parece. No se trata solo del papel que firmás en el Registro ni de la foto que sacás en la puerta. Se trata de elegir a quién sí y a quién no. De sentarse a la mesa y mirar a tu alrededor, y saber que cada uno de esos 36 está ahí porque lo elegiste, porque te banca, porque te quiere de verdad. Julieta lo dijo casi sin querer cuando contó que no hubo despedida de soltera, que no hubo fiesta enorme, que lo que hubo fue esto: ellos dos, los afectos de siempre y listo. Y eso, en una época donde todo se mide por likes y por invitados, tiene un mérito enorme.

Sobre los vestuarios, un par de detalles que ella misma contó y que muestran que acá no había ganas de estridencia, sino de comodidad con onda. Julieta llevó un traje de seda blanco, con blazer amplio y top del mismo color; aclaró que no lo había encargado a ningún diseñador, pero sí mandó a preparar el ramo. Y completó el look con unos aros azules que le regaló una amiga, un detalle simple pero que a mí me parece que dice mucho de ella. Emanuel, por su parte, se resolvió el look mirando el clima y revisando el armario, una manera muy de macho de plantearse un casamiento, si me preguntás. Después de la firma, ambos agradecieron las muestras de cariño que recibieron en la jornada, y Prandi dejó flotando una sola promesa a futuro: tenían previsto un viaje de luna de miel, aunque ni ella ni él precisaron ni el destino ni la fecha. Lo que sí te digo es que para los próximos sábados, cuando te preguntes a dónde ir a bailar o qué recomendarte para el finde, yo me quedo con esta historia de amor y con esta pareja, que arrancó entre mensajes de Instagram en pandemia y terminó firmando en el Registro con los Ortega mirando de cerca. Una perlita, en serio, para creer en el amor de a dos.

LB
Luz BrizuelaCuarteto y espectáculos

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