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Mate, tereré y el debate de siempre: por qué una infusión caliente puede terminar refrescándote mejor que un vaso con hielo

Un especialista en bienestar explica que el secreto no está en la temperatura de la bebida sino en qué pasa después con el sudor: si el aire es seco y circula, el cuerpo libera calor. Claves para entender el fenómeno sin abandonar el termo en pleno enero.

Por Constanza NietoSociedad y vida · 17 de septiembre de 2026 · hace 45 min

Lo vi esta semana en la puerta del kiosco de Laura, en Villa del Parque, mientras cargaba el termo antes de subir al colectivo: una señora de unos cincuenta y tantos le preguntaba a otra si no era una locura tomar mate caliente con treinta grados a la sombra. Yo me quedé con la duda y, en vez de mirar el teléfono, me puse a investigar qué dice la ciencia sobre algo tan cotidiano para nosotros como discutir si el mate se toma caliente, frío o amambay. La respuesta, me adelanto, es más interesante de lo que parece y tiene que ver menos con el termo y más con el aire que nos rodea.

El protagonista de esta historia es John Tregoning, profesor especializado en bienestar, que pone el foco en un punto que muchas veces pasamos por alto: en días de calor, la prioridad absoluta no es la temperatura del líquido que llevamos a la boca, sino reponer líquidos de manera frecuente. La taza caliente o el vaso con hielo cumplen un papel secundario frente a la hidratación y, sobre todo, frente a las condiciones del ambiente donde uno termina tomándolos.

El mecanismo detrás del termo

Si uno elige té, café o el clásico mate, la bebida incorpora calor al organismo y, como respuesta, el cuerpo aumenta la sudoración. Ese aporte inicial de calor puede quedar compensado por la pérdida posterior a través de la piel, pero solo si el entorno lo permite. Cuando la transpiración se evapora, utiliza energía térmica del cuerpo y, al transformarse el agua en vapor, se libera calor. Es decir: nos enfriamos. Si, en cambio, el sudor queda sobre la piel, empapa la ropa o cae en gotas, perdemos líquido sin obtener el mismo efecto refrescante.

Por qué la humedad lo cambia todo

Acá aparece el factor decisivo que suele escapar de la conversación de WhatsApp. Cuando el aire ya contiene mucho vapor de agua, la evaporación se hace cuesta arriba: la atmósfera está saturada y no tiene capacidad de aceptar más humedad desde nuestra piel. A eso se suma la falta de circulación, que mantiene el aire húmedo pegado al cuerpo. En esas condiciones, el calor que incorporamos al tomar una infusión caliente puede superar cómodamente al que conseguimos liberar, y el balance termina siendo desfavorable. Un ventilador, una brisa cruzada o sentarse en un ambiente con aire acondicionado hacen una diferencia enorme, incluso con el mismo termo en la mano.

“La temperatura de la taza o del vaso tiene un papel secundario frente a la hidratación y las condiciones del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar

Volví al kiosco de Laura al otro día, con la respuesta en el bolsillo y todavía algo de calor en la nuca. Le conté lo que había averiguado y me miró con esa expresión de quien lleva tomando mate a las tres de la tarde en enero y nunca se había planteado la física del asunto. Me dijo, riéndose, que ella seguía con su termo igual, porque en el fondo no se trata de ganar la discusión sino de tomar algo rico y mantenerse hidratada. Y, mirándolo bien, en eso Tregoning y Laura terminan coincidiendo: la obsesión por la temperatura del líquido importa menos que tener un vaso o un mate a mano, agua disponible en el cuerpo y, en lo posible, un poco de aire moviéndose alrededor.

CN
Constanza NietoSociedad y vida

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